lunes, 1 de agosto de 2011

SIN EDUCACION, NO PASA NADA

SIN EDUCACIÓN, NO PASA NADA

Necías E. Taquiri Y.


Estamos de acuerdo con Eugenio Martín cuando dice: que el fin último de la educación es la acción… y la mejor escuela es la práctica, parafraseando a Karl Marx. Si un gobernante tiene como meta desarrollar un país, lo primero que produce son cambios positivos en el sector educativo: en inicial, primaria, secundaria, técnica, universitaria y postgrado: a todos los niveles, integrando y beneficiando a toda la población y en función del mercado laboral.

La calidad del sistema educativo -destacándose los procesos de enseñanza-aprendizaje- está en función del personal docente, el currículo (asignaturas, contenidos, tiempo, teoría, práctica, fuentes de conocimientos, investigaciones y otros), la infraestructura escolar, la capacidad de gestión (objetivos, metas, acciones, asignaciones, seguimiento, control, reconocimientos del mérito, sanciones y penalizaciones por tipos de incumplimientos o violaciones de las normas establecidas). etc.

La educación debe tener como centro el desarrollo de la capacidad de pensar (la reflexión crítica), facilitar el desarrollo de la innovación, creatividad e imaginación; incentivar actividades y solución de problemas reales de la vida cotidiana, así como vincularse a la sociedad en su conjunto, ejerciendo sus deberes y exigiendo sus derechos. El avance gradual hacia lo mejor, el desarrollo continuo, la renovación constante implican un encadenamiento básico de los elementos fundamentales del desarrollo actual, que implica educación, salud, Estado de derecho, tecnología, productividad y competitividad: el papel del Estado es de primer orden en la capacitación de los recursos humanos, planes de corto, mediano y largo plazo; en que las micro, pequeñas y medianas empresas, la creación de ventajas competitivas y una política de comercio exterior estén orientadas a ampliar y diversificar la capacidad exportadora para definir la inserción del país al mercado internacional: la investigación, innovación y desarrollo (educación) son imprescindibles para la economía de hoy.

La educación es esencial para el desarrollo de una nación: junto con la salud y otros, es uno de los principales indicadores nacionales e internacionales que miden los niveles de desarrollo de un país. Definir y aplicar una estrategia nacional educativa implica planes, políticas, proyectos, programas, objetivos, metas, actividades… y, sobre todo, recursos: humanos, financieros, legislativos, cognitivos, institucionales, infraestructurales, productivos y demás.

La mejor manera de progresar económicamente es educando e incrementando las posibilidades de hacer más productiva la fuerza de trabajo y de la población en general. Educación y entrenamiento constituyen dos de los instrumentos más importantes con que cuenta un gobierno para mejorar continuamente su aparato industrial en el largo plazo. La formación, adiestramiento y capacitación (tradicional y complementaria) es esencial para la construcción y definición de los valores de la sociedad y sustentan el desarrollo humano y la cohesión social: con ellas son potencializadas las destrezas, habilidades y demás capacidades del ser humano.

Es de vida o muerte trazar una política que integre los sistemas de educación y entrenamientos nacionales con las necesidades del mercado laboral… y las empresas. Generar y mantener la cultura de mayores niveles de productividad y competitividad implica capacitar profesionales por medio de cursos cortos de alto contenido técnico, coordinar cursos y seminarios de divulgación, identificar nuevas tecnologías y asesorar a los interesados en la negociación sobre adquisición de tecnologías, de mercadeo y comercio internacional.
En síntesis, el desarrollo tiene un éxito asegurado cuando es producto de la acción conjunta y concertada de los diferentes sectores de la sociedad, y estos dependen de los niveles de conciencia que dependen a su vez de los estatus educativos individuales y colectivos.

Los responsables de la educación nacional, empezando por la Ministra y terminando en el ‘capacitador’, deben entrar en razones y saber que no hemos avanzado nada; por lo tanto, hay que dejar de seguir alabando programas fracasados e impulsemos una educación ligada al trabajo, con responsabilidad, vocación y amor a nuestra patria.

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