miércoles, 24 de agosto de 2011

“QUISIERA ESTAR PRESENTE…”


Necías E. Taquiri Y.
.“Quisiera estar presente -dice la canción de Edwin Montoya- el día de mi entierro…”, en mensaje ambicioso de su autor por conocer, después de muerto, a las personas sinceras que irán a su última despedida y descubrir a los que acaso hipócritamente, en vida, le decían amarlo o estimarlo, pero brillan por su ausencia en situaciones de muerte, encierro o entierro.
Porque, ciertamente, cuando muere algún compañero de trabajo, de lucha, de profesión o de vida, es cuando los que se alejaron o distanciaron, por doquier motivo o error (propio o ajeno), de pronto, deponen diferencias, y con el corazón desnudo, piden disculpas, para terminar por reconocer en público (tal vez en un discurso), que el que ‘se fue’ (murió) fue bueno, honrado, luchador y, por eso es que “están presentes en el día de su entierro”, para satisfacción de personas comunes como usted y yo, o muy públicos como Edwin Montoya.
En términos de Mao (que es figura mundial para las causas revolucionarias), durante su exposición sobre la Revolución Cultural, esta sería una actitud sencilla de rectificación. “A los camaradas que han cometido errores –decía- se les debe ofrecer siempre una salida, permitírseles corregir sus errores, y no negarles la chance de corregirlos. La política es ‘castigar primero las ofensas para evitar su recurrencia y curar la enfermedad para salvar al paciente’, primero observar y después ayudar, y con eso poner en práctica la vieja pero vigente ley de la unidad-crítica-unidad”.En términos nuestros, el reconocimiento a las personas que nos enseñaron (en la familia, la escuela, los medios o la vida), es también el reconocimiento de que en el camino o seno del pueblo, si bien existen facciones, grupos de opinión, pero de gente con vocación de servicio, sus integrantes no son enemigos, necesariamente. Decía Mao: “¿Tenemos un partido fuera de nuestro Partido? Pienso que tenemos, y que tenemos facciones dentro del Partido, claro que sí”.  Solo los reaccionarios admiten: "Ningún partido fuera del Partido y ninguna facción dentro del Partido".
Si el objetivo de los que sirven al pueblo es aplastar, mediante la lucha, a los que ocupan puestos dirigentes y siguen el camino errado, criticar y repudiar a las "autoridades" reaccionarias en el campo académico; criticar y repudiar la ideología de las clases explotadoras, transformar la educación, la literatura y el arte y los demás dominios de la superestructura (estado, medios, instituciones), tiene ridícula importancia, con aporte cero, la idea de sostener peleas incomprendidas y mediocres de solo individuos, más allá de los intereses de los demás.
La vida es una lucha, experimenta altibajos, e incluso repetidos altibajos. Tiempla a las masas trabajadoras, especialmente a la joven generación,  y proporciona experiencias, da lecciones, para comprender que el camino es zigzagueante y no llano. Recurrir a los ataques persistentes (entre iguales), llamar negro a lo blanco con el intento de descarrilarlo todo, intrigar, lanzar dardos solapados, callar agradecimientos, difundir falsos rumores, en el fondo, es hacer lo imposible para borrar la distancia entre el camino del pueblo y su objetivo final, la felicidad del pueblo.
Entendido todo esto, ojalá no sea necesario todavía que el amigo, el compañero, el colega se muera, para saber “quiénes fueron sus amigos y quiénes sus enemigos”. Y, lo más importante, que aprendamos en vida a reconocer a quiénes luchan por el pueblo, sin protagonismos individualistas, reparando errores y defectos propios y ajenos, bajo el principio revolucionario de unidad-crítica-unidad. Lo otro, desconocer méritos ajenos o próximos, por el prurito del “yo soy el centro”, “yo, la razón”, es simplemente reaccionario”.

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