RIGOBERTO, ¿te acuerdas?, la última vez que nos cruzamos fue
precisamente en la sala de espera de un centro médico, lo cual me hace pensar
que finalmente tu no haces más que adelantarnos en los caminos y paisajes caóticos
de esta Huamanga que acaba de celebrar un año más de existencia.
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RIGOBERTO, esta vez dejaste la ciudad para continuar tu viaje, un largo viaje. Y
vuelves hoy, transfigurado en recuerdo, en presencia simbólica. Ya no nos
tropezaremos en el Jirón Dos de Mayo como otras veces, pero sí seguirás caminando por las calles,
mercados, plazas de esta ciudad que tanto te preocupaba.
RIGOBERTO, tu ausencia física probablemente sea para muchos
un alivio porque ya no serás una presencia incómoda para ellos; porque ya no estarás
como un riachuelo que les refleje sus verdaderos rostros cuando se agachen para
lavarse. Pero también puede ser peor para ellos porque ahora ya no estarás en
las calles, pero si en el aire que serán obligados de respirar.
RIGOBERTO, a estas alturas ya debes de haberte encontrado
con nuestros hermanos de Quinua Rubén
Pariona Camposano y Emiliano García
Mendoza, brutalmente obligados a viajar hacia donde hoy te encuentras, cuando
manifestaban aquel 19 de febrero 2008 por las calles de Huamanga y entraban a
la vía de Los Libertadores. Como sabes, los autores directos siguen impunes hasta
hoy, así como sus ideólogos nacionales y locales disfrazados con hábitos de “cambio responsable” o de “el Perú avanza”.
¿Te acuerdas?
RIGOBERTO, confieso que tu partida también me da la impresión
que una época ayacuchana se aleja; la de los actores sociales como peces en las
aguas de Huamanga, hoy vencida, ahogada, por el mundo “globalizado y moderno”
de la atomización individual. Del “cada uno por su cuenta”, del espectáculo
permanente, (religioso, político o deportivo). Donde aplastar al otro y las “victorias”
efímeras son más importantes.
RIGOBERTO, me pregunto si no habrás querido irte prematuramente porque también la atmósfera de Huamanga está
cada vez más irrespirable. No solo el aire, sino sobre todo porque está contaminado
por tantas componendas, por tantos favores recíprocos por debajo de la mesa de
oficinas locales o regionales. Tal vez te quisiste adelantar en el camino porque
todo ello ya no es noticia ni nos indigna. Porque vergonzosamente muchos se enorgullecen
de respirar estos vientos nauseabundos. O peor, que los justificamos, negamos y
hasta nos tomamos fotos con todo esto.
RIGOBERTO, cierta mayoría de electores huamanguinos no ha
deseado que tu fotografía sea
colgada en la triste, descuidada y gran sala del llamado, por costumbre, honorable
Concejo Provincial de Huamanga. Han preferido en sus paredes otros rostros,
probablemente más afines y en armonía a los tiempos nublados, polvorientos y
caóticos de este comienzo de siglo huamanguino.
RIGOBERTO, a parte de tu recuerdo y cenizas que acompañarán
de cerca a tus familiares, dejas muchas tareas, muchos cuestionamientos. Por
ejemplo dejas la imperiosa necesidad de coherencia, de gestación y renovación
de personas y prácticas que resistan al sistema actual como se anhela en todas
partes. Porque estabas de acuerdo que Otro
mundo es posible, y que ello es de nuestra responsabilidad.
¡Hasta pronto no más RIGOBERTO!
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(Felipe López Mendoza en Diario LA CALLE, 02 mayo 2012)
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