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lunes, 20 de agosto de 2012

DON JOAQUIN LOPEZ ANTAY ( Parte I)


HISTORIA E IDENTIDAD CULTURAL

(N°. 29-2012)

DON JOAQUÍN LÓPEZ ANTAY (PARTE I)  
                                         
  AUTOR:SECAS

Al recordar los 115 años del nacimiento del más insigne artista popular deseo testimoniar con una semblanza  la vida y obra de Don Joaquín López Antay. Don Joaquín, como se le conocía, nació en esta ciudad el 16 de agosto de 1897. Su padre Martiano López era sastre, su madre Eduarda Antay, se dedicaba a la venta de zapatos. Sus abuelos maternos fueron Esteban Antay, especialista en láminas de enchapar, y Manuela Momediano, de oficio pintora, escultora, creadora de baúles, cruces, máscaras y santos.

A los quince años, Joaquín López decidió trabajar en el taller de sus abuelos. Fue la abuela materna, su maestra en las técnicas del arte popular, su guía en transformar las materias primas. De sus manos surgieron los cajones de San Markos, máscaras y muchos otros objetos que don Joaquín elaboraba con destreza exquisita.

Se casó con doña Jesusa Quispe Gutiérrez, con quién tuvo 4 hijos, de los cuales dos murieron muy niños. Mardonio, Ignacio y Eulalia, la nuera, continuaron la tradición artística familiar. Hoy en día también constatamos que sus nietos y bisnietos cultivan el arte popular.

En Huamanga y especialmente en su barrio “La Amargura”, Don Joaquín, gozó de gran prestigio como vecino y ciudadano honrado. Fue el artista que cambió la temática tradicional del San Markos por la del retablo, convirtiéndolo en objeto comunicador de costumbres y vivencias del campesino.

Don Joaquín fue un insigne artista popular. Desde sus inicios, se concibió a sí mismo como “escultor” y desarrolló con paciencia, tranquilidad, honradez y curiosidad- sus cuatro máximas- una obra que no sólo fue acogida por los usuarios locales, sino que despertaría el entusiasmo creciente de artistas e intelectuales. El escritor indigenista José María Arguedas fue uno de ellos, así como el pintor José Sabogal, quién lo retrató repetidas veces.

En la década de los 40, los pintores indigenistas Enrique Camino Brent, Alicia Bustamante y José Sabogal “descubrieron” a Don Joaquín López Antay, identificado como la esencia popular andina. Su trabajo los había deslumbrado, el objeto denominado “Retablo”, por su analogía formal con la escenografía religiosa europea, iniciaba su larga travesía fuera de su entorno huamanguino.

Recordamos que hasta la década de los 70, el Arte Popular Andino era patrimonio exclusivo de los etnólogos y los coleccionistas curiosos. Las nociones de Arte Popular y Artesanía, tipificaban a la cultura andina. El trabajo manual se menospreciaba e incluso actualmente se subvaloriza, significando una muestra de  desconocimiento de las características del mundo andino.

En esta ocasión, queremos testimoniar nuestro reconocimiento al más insigne de los artistas populares del ande peruano: Don Joaquín López Antay, así como a aquellos que continúan su gran labor como Maestros y Amautas, engrandeciendo nuestra artesanía ayacuchana.

martes, 24 de julio de 2012

HISTORIA DE VILCASHUAMAN


                                      HISTORIA E IDENTIDAD CULTURAL                                              
   
(N°. 22-2012)


     HISTORIA DE VILCASHUAMÀN                                                           

 AUTOR: SECAS


Vilcashuamán, la ciudad inka de la región Ayacucho, tuvo un origen real. Garcilaso De La Vega, en sus “Comentario Reales”, nos refiere que el primer conquistador inca de los Uillcas fue Inca Roca. Posteriormente, los incas, al mando de Viracocha, sucesor de Inca Roca, se posesionaron en el lugar denominado después con el nombre de Yahuarpampa, sitio donde se dio la batalla:

                        Murieron más de treinta mil indios, tanto de la parte
                        del Inca Viracocha, como de las naciones Chanca,
                        Hancohuallu, Uramarca, Uillca y Utunsulla y otras”
                       
(Garcilaso de la Vega, “Comentarios Reales”)

Sin embargo, los belicosos chancas no se sometieron fácilmente a la dominación de los incas. Las luchas encarnizadas prosiguieron durante años, hasta que el inca Pachacútec al mando de un poderoso ejército tuvo que someterlos por la violencia para luego implantar sus reformas al más puro estilo del Cusco. Esta labor fue proseguida por sus sucesores, especialmente por Túpac Inca Yupanqui y Wayna Cápac.

La historia también precisa que el mismo Pachacútec fue quién inició la construcción de la nueva ciudad inca de Vilcashuamán. El cronista español Pedro Cieza de León es categórico al afirmar que fue el Inca Pachacútec el iniciador de la construcción de la ciudad inca de Vilcashuamán

                        “Inca Yupanqui (Pachacútec) fue el que mandó hacer
                        estos aposentos, a lo que los indios dicen, y sus
predecesores acrecentaron sus edificios”

(Pedro Cieza de León, “ Crónica del Perú”)

En la época del Imperio de los Incas, identificaban a Vilcashuamán como centro del gran Imperio, considerado como verdadero centro geográfico u “ombligo” del Tawantinsuyo, por aquí pasaba el “Qhapaq Ñan” o camino real. Al respecto Cieza de León decía:

                        “Yendo por el real camino, se llega a los edificios de
                         Vilcas, que está once leguas de Guamanga, a donde
                        dicen los naturales que es el medio del señorío y reino
                        de los incas, porque desde Quito a Vilcas afirman que
hay tanto como de Vilcas a Chile, que fueron los fines
de su imperio”
           

El hijo de Pachacútec, Túpac Inca Yupanqui, prosiguió con la labor de acrecentar y embellecer la ciudad, considerada como “Cabeza del reino”. El diseño o croquis para el levantamiento de la ciudad, tenía la forma de un halcón con las alas abiertas.

Por la ciudad inca de Vilcashuamán pasaba cuatro caminos grandes o reales, aparte de otros pequeños; estos caminos eran transitados frecuentemente por el ejército y los chasquis. En 1615, el cronista Felipe Guamán Poma de Ayala decía:
                       
                        “…el cuarto camino real (pasaba) por Bilcas Guamán
                        Andahuaylas y Guamanga, Taya Caxa y Xauxa…..”

                       
De esta manera Vilcashuamán constituye la joya inca, el esplendor del Tawantinsuyo en nuestra región. Por ello, anualmente se escenifica el Vilcas Raymi, que se desarrolla con ocasión de las fiestas patrias, constituyendo un atractivo turístico que vale la pena para recordar nuestro pasado histórico perteneciente a la época inca.

Bibliografìa:

“Crònica del Perú” - Cieza de León.
“La ciudad inca de Vilcashuamán”- González Carré, Cosmópolis, Lévano.

jueves, 5 de julio de 2012

LUCHAS POR LA REAPERTURA DE LA UNIVERSIDAD



HISTORIA E IDENTIDAD CULTURAL   (N°. 19 -2012)

LUCHAS POR LA REAPERTURA DE LA UNIVERSIDAD                                                                                                                                                                  
 AUTOR: SECAS

Clausurada la Universidad, a raíz de los problemas políticos existentes y merced a la crisis fiscal que afectó al país, debido a la Guerra del Pacífico, la colectividad ayacuchana, a través de sus instituciones y personajes representativos, inició una larga época de gestiones para lograr la reapertura de Nuestra Alma Máter.

En estas luchas por la reapertura, recordamos al diputado por Cangallo Don Mariano Valdivia, quién el 17.X.1894, presentó al Congreso un Proyecto de Ley para autorizar la reapertura. Lamentablemente, la desidia y la falta de perseverancia de los representantes de Ayacucho, no permitió sustentar debidamente ante el Congreso de la República.

Desde aquellas épocas, también hubo sectores de la población que se opusieron a la reapertura de la universidad huamanguina, argumentando que ya existían cuatro universidades en el país; y que no debía darse un crecimiento universitario desproporcionado, pues había que evitar la existencia de un “proletariado intelectual”. Sin embargo,  a pesar de estos criterios adversos, la preocupación colectiva por su reapertura siguió vigente. El 10.VIII.1944, aprovechando la presencia en nuestra ciudad del Presidente de la República Don Manuel Prado, los estudiantes ayacuchanos egresados de educación secundaria presentaron un Memorial exigiendo la reapertura de la Universidad de Huamanga.

La lucha por la reapertura de nuestra Casa Superior fue larga y dura, por ello, jamás los cristobalinos debemos olvidar ese clamor y demanda permanente del pueblo ayacuchano. Tampoco debemos olvidar la participación del Dr. Manuel Beltroy, catedrático de la Universidad de San Marcos, quién se constituyó en Ayacucho en julio de 1942. Desde que llegó, mostró un gran interés por la reapertura de nuestra universidad. La Universidad de San Marcos, cambiando su oposición en tiempos de la Colonia, contribuiría a la reapertura de la universidad huamanguina, haciendo funcionar cursos vacacionales. Sin embargo, todo ello duró poco tiempo, pues, el 21.IV.1947 se clausuró la Escuela de Verano.

Años más tarde, el 12.IV.1954 a sugerencia del Dr. Beltroy, las autoridades y ciudadanía ayacuchana redactaron un  Memorial dirigido al Presidente de la República y a los presidentes de las Cámaras Legislativas, solicitando la reapertura de la Universidad de Huamanga. De esta manera, el año 1954 se iniciaba una nueva etapa de las luchas por la reapertura de nuestra añorada Universidad.

Luego de casi tres cuartos de siglo de infatigables pero infructuosas gestiones, sucedieron una serie de acontecimientos favorables para su reapertura. El 09.IX.1954, el senador por Ayacucho, Dr. Luís Enrique Galván, presenta al Senado de la República el Proyecto de Ley  que restablece el funcionamiento de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, con apoyo de intelectuales  como el antropólogo Luis E. Valcárcel, el escritor José María Arguedas, el economista Emilio Romero, con quienes, junto al ingeniero Emilio La Roux, Jorge Súccar, Alberto Protzel, Aurelio Peralta y Luis Gamarra Dulanto, formaron parte de la Primera Junta, designada por el Presidente de la República.

El 24.IV.1957, se promulga la Ley No. 12828, dando feliz término a largas y penosas gestiones de un pueblo ávido de cultura para reabrir su Universidad. Se había dispuesto restablecer el funcionamiento de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, a partir del año 1958; iniciando sus labores académicas el 04.V.1959..

El Dr. Luís E. Valcárcel, en el discurso que pronunció el 10 de abril de 1958, con ocasión de instalarse el Consejo de Administración, señaló que su reapertura no respondía a “la satisfacción de un mero anhelo regionalista” sino que se trataba de “ algo mucho más profundo y de mayor trascendencia”.

Asimismo, el Dr. Alberto Arca Parró, gestor de la reapertura y defensor de la universidad, en el discurso académico al ser nombrado como Profesor Honorario señaló  que para analizar las circunstancias de la reapertura de la Universidad, era conveniente referirse como “fenómeno determinante a la tendencia del proceso político a partir de 1930”; es decir que su reapertura obedecía a una necesidad de dimensión nacional.

lunes, 11 de junio de 2012

LOS CHANKAS Y POKRAS


AYACUCHO: HISTORIA E IDENTIDAD CULTURAL       (N°. 10 -2012)

LOS CHANKAS Y POKRAS

                                                                                                          AUTOR: SECAS

Producida la declinación del Imperio Wari, hacia fines del siglo XI o comienzos del siglo XII, en cada región florecieron estados independientes poderosos. De esta época se sabe que en esta zona existía un grupo étnico identificado como “Pokra”. Según Damián de la Bandera, sus casas eran pequeñas y humildes, los huamanguinos de entonces vivían en una condición más bien aldeana que urbana. Existían tres formas especializadas de artesanía: la alfarería, la orfebrería y la carpintería. La base económica era de carácter netamente agrícola, donde se aprovechaba al máximo los recursos de los pisos ecológicos que poseían.

El mismo Damián de la Bandera señala que los indios que vivían a la mano izquierda de los caminos Qhapaq Ñan (tierras de Quinua, Huanta, Tambo, San Miguel, etc) tenían buenas chacras de coca, algodón y de ají; mientras los que vivían hacia la mano derecha, entre el camino real y la cordillera, no tenían tales tierras, se dedicaban a la ganadería y preparaban para su alimentación lo que llamaban “charque”.

La información correspondiente a ésta época es insuficiente. En esta zona,  casi no se han encontrado restos arqueológicos, más si en los alrededores, como es el pequeño valle de Allpamayo, al este de la ciudad, como en el sitio de Aya Orjo, que se encuentra sobre un cerro en las alturas de Waska-ura se han encontrado las evidencias tardías más próximas. Se trata de los restos de un poblado de ocupación muy pequeña, de viviendas dispersas, que mantenía una zona reservada para sepulturas. En Aya Orqo, se ha encontrado una cerámica de manufactura muy particular, que según Luis G. Lumbreras, es mucho más fina, pintada con blanco o gris sobre una superficie roja engobada y pulida, que sugiere tener parentesco con la cerámica inka. 

A comienzos del siglo XV, aproximadamente en 1430, los cusqueños se tuvieron que enfrentar a una confederación procedente de la región del río Pampas, que se conoce con el nombre de los CHANKAS. Estos sitiaron el Cusco y determinaron un cambio de poder en la más alta jerarquía cusqueña y los obligaron a organizarse política y militarmente. En aquella época gobernaba el inca Wirakocha, un estado regional que abarcaba probablemente la región de Urubamba y el valle del Cusco. Frente a la guerra con los Chankas, y debido al sitio, se produjo una crisis de poder que los obligó a declinar  a favor de  un joven y audaz inca, conocido con el nombre de  Pachakuteq.

Los cusqueños identificaban a los Chancas como la “nación” que estaba “al otro lado” del río Apurímac. La guerra terminó con  el triunfo  de los cusqueños, quienes sometieron a los Chankas en la batalla final de Yawarpampa. Se dice que los principales jefes Chankas y entre ellos Anku Ayllu o Anco Walluq, decidieron declararse en rebeldía.

El nombre de los Chancas, se refiere a una etnia muy pequeña que vivía en la zona de Andahuaylas. Sin embargo, todos los investigadores y cronistas están de acuerdo en que los Chankas eran una gran nación que incluía a los Pokras (de Huamanga), a los Angaras, etc. En este tiempo Huamanga, fue muy poco importante, quizá por lo pauperizado que estaba después de la declinación del Imperio Wari; por lo tanto, la conquista de Ayacucho por los inkas no modificó sustantivamente esta situación, de modo que el valle de Huamanga quedó prácticamente abandonado.

En este contexto, los inkas construyeron un centro administrativo dentro de los cánones cusqueños “a imagen y semejanza”. El lugar elegido fue Vilcashuamán, un sitio privilegiado en los Andes del Perú y al frente de Vilcas, el pueblo inkaico de Pomaqocha, una de las joyas arquitectónicas más bellas del Perú antiguo y centro residencial de élite. Esta parte del río Pampas se convirtió en el centro regional, desplazando a Huamanga de su rol nuclear a lo largo de todos los siglos precedentes. 

jueves, 7 de junio de 2012

REFORMA UNIVERSITARIA Y REESTRUCTURACION DE LA UNSCH


REFLEXIONES SOBRE LA NECESIDAD DE UNA REFORMA UNIVERSITARIA Y REESTRUCTURACIÓN DE LA UNSCH

Severino Castillo Melgar

Ha llegado el momento de que los sancristobalinos, los miembros de los estamentos universitarios, la población ayacuchana en general, y sobre todo quienes hemos vivido intensamente la vida universitaria, tengamos que reflexionar y alcanzar algunas propuestas proactivas, acerca de la decisión de la autoridad universitaria de reestructurar la marcha académica y administrativa de nuestra Alma Mater.

Durante la Colonia y luego de su creación el año 1677, su funcionamiento se caracterizó por una educación elitista y clasista. Años después, se promovería un movimiento político-cultural que se inició en 1918 en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) y que se extendió por toda América Latina. Este movimiento estudiantil se denominó REFORMA UNIVERSITARIA, conocida como el “grito” de Córdoba, que proponía una reforma de las estructuras, contenidos y fines de la universidad, se oponía fuertemente al clericalismo y la concepción medieval- colonial de la universidad. Los principios de Reforma Universitaria, contemplaban la autonomía universitaria, el cogobierno, la extensión universitaria, el acceso por concurso, la libertad de cátedra, cátedra paralela, la gratuidad y acceso masivo, entre otros.   

Es así que a comienzos del siglo XX, los estudiantes universitarios comenzaron a crear  sus propias organizaciones. Aparecieron los centros de estudiantes y las federaciones universitarias. Estas organizaciones estudiantiles  adoptaron un esquema asociativo y de acción similar al de los sindicatos, recurriendo incluso en forma sistemática a las denominadas “huelgas estudiantiles”, similares al de nuestros tiempos. El Movimiento de Reforma Universitaria se había extendido por toda América Latina, convirtiéndose en un verdadero movimiento continental y mundial. Posteriormente, llegamos al siglo XXI con un panorama diversificado en la formación profesional y con el reto de incorporarse a otros fenómenos: la sociedad de la información y la globalización, frente a los cuales debe darse una respuesta y afrontar los retos del mundo actual, sin perder la esencia que constituye la institución universitaria.

Si bien la Reforma Universitaria cambió totalmente el perfil de la universidad, en los momentos actuales se impone una nueva  reforma que contemporice su misión y visión, en el marco de los principios y fines de la universidad y en  relación al contexto y escenario actuales del país y el continente. La situación económica y social es preocupante, por la desatención del Estado en la educación en su conjunto; ello explica las extremas dificultades del sistema educativo y de las universidades nacionales en particular. También es necesario formar a sus egresados al más alto nivel de calidad, desterrando la mediocridad y afianzando su formación valorativa y actitudinal. Sino hay preparación ética no garantiza nada a la sociedad. La universidad está obligada a hacer ciencia relevante para la región y el país.

 La universidad debe formar parte activa de los grandes proyectos de interés público. El gran desafío de una nueva reforma universitaria consiste en que autoridades, docentes, alumnos, egresados, y no docentes, asuman a plenitud la inserción de la universidad en la lucha por la equidad y la creación de sociedades plenamente inclusivas. Es la única manera de continuar la tarea universitaria en el presente siglo. Empero, esta lucha tiene que ser concertada, participativa y equitativa; además, tiene que formar parte de un proceso de sensibilización, de tal manera que todos estemos convencidos de la necesidad de cambio en nuestra universidad, deponiendo nuestros intereses.

La tarea vital de la universidad debe centrarse en la investigación, por ello en el marco de la reestructuración de nuestra universidad deberá contemplarse en la nueva estructura organizacional un vice rectorado de investigación, la reducción del número de facultades acorde a la afinidad de las escuelas de formación profesional tal como establece la ley 23733, su autoevaluación y acreditación, la optimización del ratio entre docentes y alumnos y una actitud más comprometida de docentes, administrativos y miembros de toda la comunidad universitaria; además se hace impostergable la inserción de la universidad en la sociedad y su compromiso en lo que corresponde a su responsabilidad social; es decir, se requiere una reestructuración integral, en lo académico y administrativo.

Han pasado muchos años desde su creación y reapertura y actualmente la educación sigue siendo clasista, pero con otro matiz, pues, las clases altas y adineradas que estudian en universidades privadas reciben mejor educación que las que se imparten en las universidades públicas, que lamentablemente no gozan de la prioridad del Estado. La universidad peruana en sus tres modalidades: pública, privada sin fines de lucro y privada con fines de lucro, coexisten reguladas por marcos normativos disímiles ( Ley 23733 para las primeras y Decreto Legislativo 882 para la tercera). Estas universidades tienen realidades diversas y por lo tanto diferentes respuestas a los graves problemas que la aquejan; sin embargo, todas ellas tienen un mismo marco constitucional.

El propósito de este comentario es el de analizar la situación actual de la UniversidadPública, que como toda institución nacional atraviesa desde algunas décadas por una crisis académica, financiera y de estabilidad. Todos aquellos ilusos que formamos parte del sistema universitario debemos estar convencidos que el problema no se resuelve sólo con el cambio de autoridades o modificando leyes, estatutos o reglamentos como algunos pretenden hacernos creer, tampoco el problema es sólo presupuestal; es necesario abordar con firmeza la mejora de la calidad de nuestra universidad. Es pertinente comprender que la universidad pública no satisface los requerimientos que la sociedad le plantea. Existe una errada concepción de la autonomía universitaria, debido a su enclaustramiento, desligada de la responsabilidad que le compete. Anhelamos una universidad autónoma pero comprometida con su sociedad.

Vivimos un ostracismo universitario, pues, pasamos de ser una universidad pública elitista a ser una universidad más democrática e inclusiva, pero a costa de bajar la calidad académica, como una característica de gobierno universitario. Esta forma de gobierno, así como la elección de sus autoridades se ha hecho perniciosa y atenta su viabilidad, genera permanentes conflictos en los claustros universitarios, promoviendo un ambiente propicio para la politiquería y los intereses grupales y personales, relegando al último plano la lucha por la calidad académica. Estos problemas de inestabilidad, desgobierno, informalidad, magra calidad académica y crisis ética y moral, son problemas comunes de todas las universidades públicas del país, propiciadas por un Estado que precisamente promueve su definitivo colapso. Por ello la respuesta a esta situación debe ser inteligente y concertada, debemos discutir nuestros problemas en un clima de confraternidad y respeto, dando muestras a propios y extraños que somos universitarios y que sabemos discrepar de manera alturada.

Nuestra universidad tiene que tener categoría de excelencia, de calidad de servicios educativos, de liderazgo en los asuntos vinculantes con el desarrollo social, económico y cultural de la sociedad. Este fue precisamente el paradigma de su reapertura y que la  distinguió en el contexto universitario latinoamericano, mereciendo el reconocimiento de las más destacadas universidades del continente. Por ello es necesario insistir en la necesidad de construir una nueva cultura académica, que apueste por la innovación y creación del conocimiento.

Actualmente, la universidad afronta el desafío de un cambio constante, pues vivimos en un mundo que difiere sustancialmente de aquella universidad del siglo XX; entonces, debemos proponer  un desarrollo universitario para el siglo XXI. El contexto actual  nos obliga a conformar una Comisión de Reforma Universitaria,  para elaborar un documento de gestión universitaria que establezca los lineamientos estratégicos en el marco de una política de gobierno y de prospectiva estratégica para retomar e impulsar el verdadero rumbo de la vida universitaria cristobalina.


sábado, 26 de mayo de 2012

EL IMPERIO WARI (I)


AYACUCHO: HISTORIA E IDENTIDAD CULTURAL   

         (N°. 06 -2012)

EL IMPERIO WARI  (PARTE I)
                                                                                                          AUTOR:SECAS

La historia de Ayacucho se comenzó a escribir en 1550, cuando el cronista Cieza de León, al pasar por una ciudad, que ahora conocemos como Wari, comentó que a orillas del río Vinaque ( río de la Viñaca), estaban unos grandes y muy antiquísimos edificios.

El Imperio Wari, corresponde al período de máximo desarrollo de Ayacucho, cuando la ciudad de Wari se convirtió en la capital del Primer Imperio Andino, anterior a los incas. Abarca los siglos VI a XII. El imperio Wari convirtió a Ayacucho en el territorio más poderoso de los Andes. La metrópoli Wari, fue ampliamente conocida en el mundo andino, alcanzando una población  aproximada de 60 mil habitantes. Los Wari, invadieron y conquistaron territorios en extensas zonas del antiguo Perú, desde Cajamarca y Lambayeque, por el norte, hasta Arequipa, Cusco y Moquegua, por el sur. Construyeron sus pueblos con modelos que fueron tomados de distintas parte del antiguo Perú, desde Moche y Huamachuco hasta Tiwanaku y Nasca.

Según investigaciones efectuadas, el siglo VI, fue testigo de una etapa de grandes agitaciones en el territorio peruano, independientemente de los problemas climáticos que hubieran podido ocurrir. Los  Wari llegaron al valle de Moquegua, que eran del dominio de los Señores de Tiwanaku e instalaron un asentamiento urbano en el hoy llamado “Cerro Baúl”, ubicado en un lugar inaccesible al que convirtieron en una fortaleza inexpugnable. Estos invasores, eran los mismos que también se habían instalado en la parte alta del valle de Chincha, en un lugar llamado Viña Vieja. En el Cusco, según testimonios, se instalaron en Pikillaqta en la zona de Lucre y en Urcos, y hay cada vez más evidencias de cómo toda la cuenca del Vilcanota estaba en sus manos.

En la ciudad de Pikillaqta (Cusco), que es una  “urbanización” Wari, planificada con todo detalle, se encuentran “casas” que están construidas por áreas, todas muy ordenadas, con dos plazas donde hay un edificio que debe ser un templo y otros que deben haber tenido función administrativa o ceremonial. Toda la ciudad estaba cercada, era como una fortaleza, con un sector de servicios, otro de viviendas, y uno muy amplio dedicado a depósitos o almacenes.

 “Cerro Baúl” es como Pikillaqta, aunque más modesto y al parecer construido antes. Allí vivieron las gentes en tiempos de guerra y parece que fueron expulsados por los tiwanakenses. En el valle del Mantaro, los Wari construyeron la ciudad de Wari Willca y Awaturo; en el Callejón de Huaylas, están Willka Wain y Honco Pampa. En los valles de Cajamarca está el sitio de Miraflores y, sobre todo, la ciudadela de Wiraqocha Pampa.

Durante los siglos VII a IX, gran parte del país estaba controlada por los Wari, es así que aparecieron asentamientos Wari en todas partes del territorio. Entre los siglos VIII y IX, las ciudades de tipo Wari, se hicieron presentes en todo el valle del Mantaro, en el callejón de Huaylas, en Huamachuco y Cajamarca. Del proyecto urbano modesto de los primeros siglos, surgió una imponente ciudad que fue la capital del Primer Imperio: WARI, una de las ciudades más grandes que se haya construido en la sierra andina en tiempos prehispánicos y que hoy, de manera impostergable,  los ayacuchanos anhelan su pronta rehabilitación y puesta en valor.

Bibliografía:
-         Luis Guillermo. Lumbreras S.:”El Imperio Wari”,

viernes, 18 de mayo de 2012

LOS PRIMEROS AÑOS DE LA CIUDAD DE HUAMANGA


AYACUCHO: HISTORIA E IDENTIDAD CULTURAL (N°. 04 -2012)

LOS PRIMEROS AÑOS DE LA CIUDAD DE HUAMANGA
                                                                                                          AUTOR: SECAS 

Luego de la fundación de la ciudad, aquel 25 de abril de 1540, se entregaron solares a los fundadores y otros vecinos, hasta el año 1547, según precisa el Libro del Cabildo de la nueva ciudad, que corre de 1539 a 1547. Es así como Fray Tomás  de San Martín, Provincial y Regente de la Orden de los Dominicos solicitó cuatro solares para la edificación del Convento respectivo.

El comportamiento de los fundadores de la ciudad durante las primeras décadas, según Jaime Urrutia, seguirá los vaivenes de las guerras civiles entre conquistadores, y de estos con el poder real: de pizarristas se convertirán en almagristas y muy rápidamente devendrán realistas. Los conquistadores tenían, pues, una voracidad por obtener solares, encomiendas y mitas.

En nombre de su majestad se realizó el trazo de la plaza y las calles de la nueva ciudad y, luego, en medio de la recién trazada plaza, se hincó una picota, símbolo e instrumento de justicia, donde deberían ser castigados quienes en  adelante delinquieran. A los pocos días, los vecinos principales elegían al primer alguacil, en la persona de Dn. Hernán García C., y se pregonaron las ordenanzas a las que había de ajustarse el doblamiento de esta Villa… El 5 de octubre de 1540, estaban nombrados ya los alcaldes y regidores.

Tras la fundación y la tranquilidad en que se desenvolvía la población, de repente esa tranquilidad se vio alterada y conmovida el 20 de marzo de 1541, cuando se anunciaba “ la inminente entrada del Inca Manco, quién con su poderosos ejército, se decía, estaba ya en camino sobre esta Villa. Se aprestó una rápida movilización. El capitán Francisco de Cárdenas con 20 españoles, armados con ballestas y arcabuces y dos mil indios, salieron a resistir el ataque, que no se produjo.

Los historiadores afirman que la ciudad se asemejaba bastante a Granada, Córdova, Ávila y Sevilla, de donde fueron originarios sus primeros pobladores. Al echar raíces en el lugar, ellos trataron de hacer sus casas al estilo de su tierra, y resultaron tan buenas como afirma Cieza de León.: “ Allí se han edificado las mayores y mejores casas que hay en el Perú, todas de piedra, ladrillo y teja, con grandes torres, de manera que no falta aposento…

Actualmente, aún podemos enorgullecernos de poseer algunas edificaciones de una tipología arquitectónica envidiable, bienes culturales que en los últimos años han sido restaurados y reconstruidos. Las futuras generaciones y los jóvenes de hoy, deben formarse a partir de la memoria colectiva de nuestros antepasados, por ello requerimos de programas de fortalecimiento de nuestra identidad cultural, donde se resalte nuestro patrimonio cultural arquitectónico y donde se consolide una verdadera identificación y reencuentro con nuestro pasado.

Lamentablemente, hoy tenemos que aceptar también que tenemos una ciudad desordenada, con servicios básicos cada vez más insuficientes y deficientes. Nuestra población, a raíz de los problemas socio políticos, vive en hacinamiento y con muestras de exclusión e inequidad; asimismo percibimos diariamente una secuela de violencia e inseguridad ciudadana, problemas que no atañen sólo a las autoridades sino a la población en general. La coyuntura actual nos obliga a dejar de ser fatalistas y constituirnos en elementos proactivos y emprendedores, decididos al cambio, a trabajar por el desarrollo y el progreso. Sabemos que el camino es difícil; empero, es el momento de asumir el reto y empezar a recorrerlo. Para este propósito requerimos del compromiso de nuestras autoridades, de su trabajo transparente, participativo, visionario, honrado y exento de corrupción y  protagonismos, de probada capacidad e idoneidad, con valores éticos y morales, y comprometidos con nuestro desarrollo y bienestar individual  y colectivo, que finalmente es el fin supremo de nuestras sociedades.

Referencias Bibliografícas:

- Virgilio Galdo Gutiérrez: “Ayacucho: Conflictos y Pobreza”.

- F. Silva Santisteban: “Apuntes para la Historia de Ayacucho”, Revista del Centro de Estudios Históricos Regionales del departamento, Nro.31.

martes, 8 de mayo de 2012

¿AYACUCHO O HUAMANGA?


AYACUCHO: HISTORIA E IDENTIDAD CULTURAL

¿AYACUCHO O HUAMANGA?
                                                                                                          AUTOR: SECAS  - Severino Castillo Melgar

Los españoles que fundaron Huamanga y otras ciudades en el Perú, tenían una antigua tradición de vida urbana. La vida en la ciudad era para ellos la posibilidad de ubicar e integrar, en un mismo espacio, la identificación de su existencia, transportando a ese lugar su herencia cultural. Las ciudades que fundaron eran, en realidad, una suerte de traslado del modelo de centro urbano de su tierra de origen al nuevo mundo andino; en consecuencia, la otrora ciudad de Huamanga respondía a la concepción urbanística española y en su traza inicial y en su estructura física, los españoles se vieron identificados con el recuerdo de sus pueblos natales y la tierra de sus ancestros.

La antigua Huamanga, nació para llenar el espacio de colonización entre Jauja, Lima y el Cusco. El territorio donde se asentó la fundación definitiva de la ciudad, en el asiento de Pukaray, se caracterizaba por la población mitimae. Los grupos étnicos como Angaraes, Lucanas, Soras, eran los más importantes. Algunos de los importantes mineros huancavelicanos vivían en Huamanga y en ella dispusieron de sus ganancias; así se levantaron templos, monasterios y casonas. A fines del siglo XVI, Huamanga se convirtió en un gran centro activo de esta parte del país, hasta que a lo largo del siglo XVII, el proceso colonial desarticuló las estructuras de poder y control étnicos. En el siglo XVIII, las grandes etnias ya no funcionaban como unidad sociopolítica, dando inicio a un proceso de fragmentación que continuaría en los siglos posteriores.

En Huamanga, a la traza central inicial alrededor de la plaza de armas se sumaron pronto los barrios de Santa Ana y Magdalena, conocidos como Hanan Parroquia y Hurin Parroquia, respectivamente. Hacia fines del siglo XVI, otros barrios fueron aumentando, como el de Carmenga o Carmen Alto. De este barrio se desprenderá otro antiguo barrio, el de San Juan Bautista. Estos barrios, fundamentalmente mestizos, adquirieron desde el siglo XVII la especialidad del arrieraje y del comercio, que dio fama a los comerciantes arrieros, quienes seguían las rutas de las ferias existentes.
Toponimias, nombres de calles, de barrios, recuerdos, tradiciones y leyendas, nos cuentan la historia de la ciudad y los hechos de sus pobladores. La tradición oral ha guardado relatos que se identifican con el espacio cultural, que encierran indicios y sugerencias de la urbe en su historia. La primera toponimia, motivo del presente artículo, está relacionada al nombre de la ciudad, que hoy es conocida como Ayacucho. La ciudad ha tenido varios nombres, en diferentes momentos de su historia: San Juan de la Frontera, fue el primer nombre de la ciudad.

Posteriormente pasa a denominarse “San Juan de la Victoria”, en homenaje al triunfo de las fuerzas de Vaca de Castro sobre las de Almagro El Mozo, en la Batalla de Chupas, ocurrida el 16 de setiembre de 1542. Luego, basados en su participación contra los almagristas, los cabildantes de la naciente ciudad, acordaron, el 25 de setiembre de 1542 solicitar a las autoridades reales el título de “Muy noble y Muy leal ciudad”. La petición fue aceptada y a partir del 6 de mayo de 1544 la antigua “Villa” pasó a tener el título de “Ciudad”, ya que en esa fecha se recibió la concesión real.

En pleno proceso independista, entre 1822 y 1824, Huamanga es reconocida en la demarcación política del Perú como capital del departamento de Huamanga, de acuerdo a disposiciones dadas por el general Don José de San Martín. Posteriormente Simón Bolívar mediante Decreto del 15 de febrero de 1825 estableció la denominación de departamento de Ayacucho, precisando además que la antigua ciudad de Huamanga, capital del departamento se denominará “Ciudad de Ayacucho” y la provincia de Huamanga conservará el antiguo nombre tradicional y aborigen. Por lo tanto, al margen de nuestros sentimientos y añoranzas, la dualidad aún persistente entre gran sector de la población; sin embargo, debe quedar definitivamente esclarecida frente a los acontecimientos ocurridos en el proceso histórico de nuestra ciudad.