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martes, 12 de junio de 2012

LOS ZAPATOS DEL LÍDER



Necías E. Taquiri Y.
“Los zapatos del líder” es una frase inglesa que se aplica cuando una persona muere y deja unos zapatos que difícilmente otra persona podría calzar. Lo traemos a colación, a propósito del uso mediático que se está dando a la muerte de Rigoberto García Ortega, ex presidente del Frente de Defensa del Pueblo, varias veces candidato a la Alcaldía provincial de Huamanga, y ‘líder y fundador del FRA”.
Al calificado también –mediática y sospechosamente- ‘líder histórico’, cuando en vida algunos no lo consideraban como tal, buscan reemplazarlo o llenar el vacío dejado en el Frente Regional, con aquel que intente calzar los zapatos del líder.
Rigoberto fue, sin duda, casi el único vocero del FRA en el accionar político regional, incluso después de concluidas las elecciones -que le fueron adversas-  antes de su lamentable deceso: llamaba por teléfono a los medios, concurría a los debates programados para enfocar temas de actualidad, emitía y sostenía comunicados del FRA, ‘peleaba’ con los sectores oficiosos y, en fin, la figura pública y conocida de ese movimiento de triple origen político (Inti, Kallpa, Inkari).
Hoy nos sorprendemos con que existen otros miembros, unos jóvenes y algunos ya maduros, que salieron a sostener que el FRA no se disolverá, que continuará y se fortalecerá, por ejemplo tras un congreso partidario a realizarse pronto, para designar a sus nuevos miembros directivos, de cara a las próximas elecciones, porque ese es un objetivo nunca negado por este movimiento regional.
Qué bueno por eso y qué bueno porque el largo empeño mostrado por García Ortega no caiga en saco roto. Pero, tendrá que hacerlo de cara a la realidad y a las necesidades del tiempo: contra el caudillismo criollo que ha matado cualquier atisbo de socialismo en Ayacucho y el país, cada vez que las fuerzas progresistas, de izquierda o de avanzada hicieron cuerpo y desearon alcanzar los grandes objetivos regionales y nacionales.
En ese camino –lo comentamos con Rigoberto, muchas veces, y con varios de sus asesores, algunos de los cuales están ‘de vuelta en casa’-, el FRA tendrá que transformarse cualitativamente o aceptar su metamorfosis para dejar de ser Frente (nada más) y convertirse en Partido. Una transformación por cierto difícil pero necesaria para actuar -purificada y legítimamente- en torno a un programa político que trascienda elecciones municipales, regionales o nacionales, meramente, como también soñara García Ortega.
El alcance de una quimera requiere de ese tipo de transformaciones y, ahora mismo por la necesidad de contar con hombres que como las cumbres, las montañas, las llanuras y aun las honduras, requieren para hacer un paisaje.
La presencia carismática de García Ortega, se hará extrañar para que el FRA se recupere orgánicamente, para que no ocurra con el FRA, lo que ocurrió en otros lares y en otras dimensiones, con otros movimientos abiertamente izquierdistas, probadamente progresistas, científicamente necesarios.
La tempranera partida de Rigoberto García sembró dudas sobre la persistencia de uno de los movimientos más consecuentes con sus promesas de luchar por las reivindicaciones de Ayacucho. Dudas, casi tanto como las que envuelven actualmente al FREDEPA, que Rigoberto ayudó a reconstituir, bajo la atenta mirada y vara conductora de Máximo Cárdenas Sulca, cuando por ejemplo se permite que surjan ‘nuevos frentes’, en los hechos, o ‘nuevos comités’, ‘nuevas coordinadoras’ –que a la postre dividen o hacen preocupantes paralelismos-, sea para afrontar a la corrupción, luchar contra el incremento del costo de agua potable, querer revocar a algún alcalde o cuando hay que elaborar  plataformas comunes de lucha que, por natura, le corresponde al FRENTE dirigirla, aglutinar, representar, proteger.
De modo que, ahora que las cosas se han calmado, y en ese estado emocional pueden evaluarse situaciones, descartar el electorerismo puro, rescatar el norte para las causas regionales, proponer nuevos nombres con nuevos hombres y nuevas estrategias. Hay que saludar el entusiasmo de los que quieren calzar el zapato del líder. Así se garantiza el pensamiento primigenio, el sueño matriz, la vocación inicial.

viernes, 11 de mayo de 2012

MORIGEREMOS LAS INFORMACIONES



Necías E. Taquiri Y.

Resalta en el trabajo de los periodistas (que consiste principalmente en alcanzar informaciones y luego analizarlas, a veces con aires de grandilocuencia y superior conocimiento) el listado de acciones de corrupción, del narcoterrorismo, asesinatos de cónyuges, suicidios, asaltos de carretera, robo de bienes del estado, violaciones sexuales, maltrato de funcionarios, toma de locales y una gama de ‘malas noticias’ en detrimento de las buenas, con el prurito de que ‘si no son malas, no son noticias’ o que ‘las buenas noticias no se pueden escandalizar’ y no tendríamos qué vender o cómo ganar audiencia. “A la gente le gusta el escándalo y eso es lo que hay que darle”.

Entonces, la gente mentaliza (por el fenómeno de la persuasión) que todo está mal y no hay nada más que hacer, salvo rajar y rajar, insultar, generalizar, maldecir y, en medio de la confusión, a ‘susurro público’, insinuar que ‘quedamos solo nosotros (los periodistas puros, pues) como los únicos salvadores, por lo tanto: voten por nosotros en la próxima campaña electoral o por quienes nosotros indiquemos. Lógica diabólica, pero lógica al fin.

Ese es el refugio que los malos comunicadores quieren para su público, un refugio –en sí- basura, apoyado por los hombres y las mujeres desideologizados que a veces se acurrucan en la prensa deportiva para evadir esta realidad tan mala, triste, llena de desocupación, maldades, delincuencia, corrupción, envidia, asesinatos, raptos, hambre, enfermedades terribles y violaciones. “¿No ven que el mundo está mal y lo que nos queda de vida, hay que vivirla amargamente matando nuestras penas en peñas, discotecas, estadios y borracheras?” “¿Para qué hacer esfuerzos por cambiar esta sociedad, si no vale la pena?”

Lo óptimo sería darle a la gente las mejores noticias, las que construyen su personalidad. Es decir, a parte de las malas, las buenas noticias: la construcción de una carretera, la irrigación que avanza, la biblioteca que se inaugura, el campeonato de los chicos de una escuela, el retejado de un local municipal, la limpieza pública en el barrio aquel, la faena de una facultad por mejorar su presentación, la sustentación de una tesis con temas educativos, la adquisición de una computadora para cien alumnos de aquella escuela, la venta de papa nativa en mercados locales, la solidaridad de la gente que tiene un poco más para con sus conciudadanos, la hazaña de un pueblo pequeño que llevó agua a sus chacras utilizando cabuya para hacer puentes, ¡hay tantas noticias buenas!, como para decir que el mundo no está tan mal, que digamos, y que siguiendo ese camino podemos mejorar nuestra situación.

¿Por qué ser negativos, pesimistas, mal agüeros, sensacionalistas o amarillistas, si podemos ser positivos, optimistas e motivadores del cambio, a partir del entendimiento dialéctico de que todas las cosas del mundo tienen su lado negativo, pero también lo positivo y que de esto último podemos valernos para no morir sino triunfar?

Tiene mucho que ver lo que hacemos los comunicadores. Lo que decimos, cómo lo decimos, con qué intenciones, con qué frecuencia, con qué tonalidad, con qué estilo y sobre todo, con qué periodicidad. Eso cala: educa o deseduca, informa o desinforma, construye o destruye, optimiza o resigna, incentiva o desanima.

No es cuestión de gritar y gritar, de insultar y generalizar, de envenenar la mente de los oyentes, por el fácil argumento de "hay que darle a la gente lo que le gusta, el entretenimiento light y basura, las intrusas ‘tertulias’ con alto nivel de crispación y morbo para elevar sintonías”.

Si bien los periodistas tenemos la necesidad de conocer la realidad para proponer cambios, y denunciar abusos de poder, casos de corrupción e injusticias sociales, también es fundamental que sea previo contraste. Dar a conocer actos de corrupción de uno o dos, para luego afirmar que todos son iguales, sin haber cumplido esos requisitos no tiene sino un nombre: periodismo basura, irresponsable, incendiario y provocador a la mala, sin atisbo de mejoramiento de la sociedad. Una sobrecarga de denuncias sin propuestas alternativas es peor que la no denuncia, porque provocar efectos similares a la violencia. Lleva a decir: "todos son iguales, no hay nada que hacer, si ellos roban, entonces yo también”. Se banalizan la corrupción y la violencia.

La tendencia mediática –que, por supuesto, es innegable, existe, se impone en estos tiempos- debe sin embargo, cambiar. Solo así ayudaremos a entender que otro mundo es posible, que no todo está perdido. Ahora, si a pesar de esta reflexión científica y profundamente filosófica, seguimos pensando que lo malo impera, entonces, cojamos cada uno la soga corrediza y matémonos, ¿para qué vivir si este mundo está podrido?

miércoles, 2 de mayo de 2012

¿CÓMO ES NO?: “CARLOS MARX TENÍA RAZÓN”



Necías E. Taquiri Y.

Parecerá irónico que en un planeta dominado por el modelo capitalista, con sus cumbres europeas, G-9, G-20, APEC y otras que toman denominaciones especiales, por el tipo de concurrentes o por los lugares en que se desarrollan, para consolidarse o para reacomodarse, se nos ocurra decir a nosotros, desde esta modesta columna que “el capitalismo se defiende” de un fantasma que lo acosa. Pero, es la realidad contundente la que nos demuestra que “el gigante” tambalea efectivamente, siente que su corazón late más rápido que habitualmente, que sus devaneos amenaza con derrumbarlo, que tiene cáncer, que va a morir, que está desahuciado, etc., aunque por aquí, un solitario y enfervorizado presidente estrellado, diga que es ‘una crisis de crecimiento’, que el modelo se fortalecerá y el mundo seguirá siendo el que ‘ellos’ han construido habiendo destruido, para ello, cualquier ilusión comunista.

Se cae el modelo y el marxismo siente que ‘le toca’, afirmamos; añadiendo que la historia le depara la dirección de los gobiernos nacionales o sus destinos, por el triunfo del colectivismo ante el individualismo. De los intereses nacionales por encima de los extranjeros, en cada país. Y que todo este cambio se dará en no más unas cuantas décadas, treinta o cuarenta años, antes que nuestros nietos se hagan adultos y vean con optimismo el bienestar de los suyos. Es decir, históricamente, casi nada, muy prontito, ¡ya!

¿En qué sustentamos este pronóstico? En hechos concretos como las recientemente conocidas, sentidas y auxiliadas crisis financieras (crisis global) por los mismísimos gobiernos neoliberales que anteriormente jamás habrían recurrido al bolsillo del estado para apoyar a los empresarios privados en quiebra. Pero también nos basamos en un hecho recientemente registrado en Frankfurt por Gustavo Adolfo Aguilar: ahí se desarrolló una feria de libros y después de haberse clausurado circuló un comunicado encabezado con la frase “Marx tenía razón”. ¿Por qué? Pues, una edición especial del libro El Capital del filósofo alemán, tuvo tal demanda intelectual que los últimos economistas y profesores de economía de las más importantes universidades de Europa, tuvieron que irse con las manos vacías, pero deseosos de adquirir un ejemplar.

Mencionar los libros de Marx y Engels hasta antes de la crisis global en esos lares, servía para ser satanizado como atrasado, desfasado, cavernícola –como ocurre en el mundillo de ciertas facultades de economía de nuestro país- por los epígonos del neoliberalismo. Después de la crisis financiera, la tortilla se volteó. Alan lo lee (aunque sea al revés, por sus interpretaciones), los gobernantes del mundo sacan entre líneas los mensajes que les pueden servir para convencer el continuismo, y Bush, el padre de este modelo o su mentor mendaz, utiliza nada menos que su propia estrategia para salvar el modelo.

Entonces, los analistas del mundo capitalista no se molestan porque este cambio se haya dado, confirmando ellos que no es una herejía, no es sectarismo o que es normal usar el marxismo en el capitalismo. La tesis de que el mercado se regula por sí mismo ha sido abandonada, la enseñanza de Milton Friedman sobre una economía basada en el libre mercado y la especulación se envilece y pierde vigencia (poco a poco y en perspectiva), y los grandes consorcios transnacionales que manejan el gran capital piden auxilio al estado, reviviendo la tesis del viejo Marx (planteada hace 150 años) de que “… el pauperismo (pobreza) es parte de la condición de la producción capitalista y del desarrollo capitalista de la riqueza… en la proporción que se produce la acumulación del capital, empeora la situación del trabajador” y “que la razón última de toda verdadera crisis reside siempre en la pobreza y en la limitación del consumo de las masas”.

Las condiciones terribles que sufrían los niños, las mujeres y los hombres que trabajaban en las fábricas, minas, tiendas y oficinas en el siglo XIX ha cambiado en la forma durante el siglo XXI, más no en el fondo. Las condiciones inhumanas en que trabajan los empleados, la persecución feroz por parte de los gobiernos cuyos súbditos explotan mano de obra barata y sin protección social son las mismas del siglo XIX. Los economistas del capitalismo decían que la clase obrera no se habían empobrecido y que Marx estaba equivocado. Pero resulta ser que todos los cónclaves internacionales, como el recientemente producido en Lima, tratan como tema fundamental la pobreza, que crece cada vez más y que se acelera con la crisis actual. Los despidos empezaron en EE. UU., y se dan por miles.

La tesis del marxismo no solo se mantiene vigente, sino explica en gran medida lo que hoy ocurre en el sistema capitalista. La naturaleza explotadora y depredadora del capitalismo persiste, la división de clases también, el capital se globaliza para garantizar la explotación del capitalismo financiero, se han mercantilizado todas las formas de producción material y espiritual (para eso sirven los TLC), todas las formas de relación humana se han enajenado por el consumismo ciego y desigual, y el crecimiento económico de países como el nuestro (por la actividad minera, principalmente) beneficia a la clase explotadora y empobrece a la mayoría.

Adolfo Sánchez Vásquez, filósofo, escritor y profesor mexicano nacido en España dice: “ciertamente, puede afirmarse sin exagerar, que ningún pensamiento filosófico, político y social ha influido tanto a lo largo de la historia de la humanidad como el marxismo en la conciencia y conducta de los hombres y de los pueblos”. Hay que leer sin prejuicios a Carlos Marx. Más aún, hay que estudiarlo, ya que según las noticias, sus antagonistas, los teóricos del neoliberalismo, lo están haciendo.    

HOMENAJE A HUAMANGA



Necías E. Taquiri Y.

472 años de existencia al servicio de propios y extraños, le da derecho a ser respetada, cuidada y mejorada a la ciudad de Huamanga. Consecuentemente, en este día, 25 de abril, lo que tenemos que hacer todos cuantos moramos en su tierra, sea cual fuere la condición específica que poseamos, pero genéricamente respirando su aire, disfrutando de su hermoso clima, aprendiendo de su gente solidaria y pisando sus arenas, es rendirle un homenaje comprometido, militante y orgulloso. 

Porque Huamanga, o San Juan de la Frontera de Huamanga, o también la ciudad de Ayacucho, como muchos la llamamos indistintamente, tuvo la particularidad de haber parido hombres, mujeres, hechos e hitos que la historia patria tiene mucho que agradecer y, por lo tanto, atender en sus necesidades hasta hoy todavía postergadas como contar con los servicios hospitalarios más completos, servicios educativos más numerosos y de calidad de los que hasta ahora tiene, calles debidamente mantenidas, parques llenos de verdor y un ambiente limpio, como se merece nuestra tierra.

En lo particular, toca a cada uno rendir cuenta de las actividades que como hijo realizó en el corto o largo tiempo de su permanencia en Huamanga, para a partir de ese reconocimiento acaso autocrítico de sus descuidos, reemprenda el camino del agradecimiento, o si se ha comportado adecuadamente con arreglo a las exigencias que históricamente tuvo, profundizar acciones de identidad para que los más jóvenes, carentes de modelos o ejemplos, repliquen los mismos sentimientos de pertenencia y defensa de los intereses de nuestra tierra.

Somos la provincia capital del departamento y región de Ayacucho; integramos, en consecuencia, el trío nada dignificante de las tres regiones más pobres del país; y no puede ser que ese estigma se nos endilgue haberla mantenido a los que comprendiéndolo, no hicimos gran por haberla cambiado. No es posible, entonces, que por ejemplo sus mercados de abastos se mantengan en ese estado de mantenimiento, desorden y falta de higiene. Ése es un asunto no de los comerciantes que ahí se han apostado apretujados, y desde ahí paran sus reales para mantener la vida, sino un punto de unidad problemática que todos debemos atender, empezando por las autoridades regionales o municipales y contando con el compromiso de cada uno de los habitantes que, a ese tipo de mercados, sin embargo concurrimos a comprar desde limones, carnes, ropa y menestras.

Es hora de demostrar que los que la habitamos no nos hemos animalizado ni desentendido de la higiene que se merecen sus calles, plazas, locales institucionales, colegios, institutos y universidades, porque Huamanga toda es nuestra casa y en estas condiciones de casa no podemos celebrar ni nuestros particulares cumpleaños. Hay que restablecer nosotros, los de la sociedad o los de la clase pensante, política, comprometida, el principio de autoridad que acaso con nuestra indiferencia ayudamos a perderlo en boca de los que están llamados a mantenerlo. No integremos más el ineficiente mundo de los criticones que sin haber aprendido a limpiar nuestras caras, nuestras venas y nuestras neuronas, sin embargo tengamos el empacho de pedir y pedir a los municipales a que nos limpien lo que nosotros mismos ensuciamos con enfermiza devoción.

¿Qué tenemos 33 iglesias? ¿Que, la Universidad de Huamanga es nuestro orgullo? ¿Que, el pan chapla, el puca picante, nuestros huaynos, nuestra tuna, nuestro runasimi, nuestro Tayta Cáceres, nuestra Semana Santa, nuestros Carnavales y demás signos distintivos de nuestra humanguineidad es ‘nuestro’ orgullo? ¡Sí, por dios, sí que lo es, pero no es suficiente como para encapsularnos en ese sentimiento de modo inerme, pasadista, desfasado y resignado!

Este sentimiento de pertenencia que nace del pasado debe ir perfeccionándose con el tiempo, para que Huamanga, afirmándose en el presente, se yerga fuerte, existencial, definitiva en los años del futuro, con nuestro homenaje permanente y comprometido. Que viva Huamanga, que viva años de prosperidad y felicidad. 


lunes, 23 de abril de 2012

¡ESTA ‘ENFERMEDAD’ SE CURA CON EL TIEMPO!




Necías E. Taquiri Y.

Estos chicos son adolescentes. Se embarullan en el Jr. Asamblea, patinan en 28 de Julio, rayan carros como quien jode nomás en el Jr. Bellido, rompen normas del fulbito, lloran como cojudos en el cuarto y no entienden por qué. Es la etapa de la insoportable tembladera: desubicados, ansiosos, confusos y paranoicos. Ya no son niños ni tampoco adultos. El sexo dejó de ser una incógnita pero tampoco es una plena realización. Todo parece más dramático de lo que realmente es: los desengaños frecuentes parecen irreversibles; el mundo está en tu contra, tus padres no te entienden, tus hermanos mayores te excluyen de sus círculos, tu aislamiento es terrible, porque no te dejan ingresar al mundo adulto.

La dulce relación maestra-alumno, dejó de ser; ahora lidias con once o doce dementes (maestros secundarios) que creen que su materia es la única y la más importante. Y, ese berenjenal de conocimientos, no coinciden con tus gustos ni tus predilecciones. Si tu sueño es lo artístico (Bellas Artes), lo filosófico (San Marcos), lo profesional (San Cristóbal con sus 28 carreras); pero, y ahí está el peor obstáculo: logaritmos, raíces cuadradas, teoremas, isobaras, corolas, pistilos, germinación de absurdos porotos, períodos paleozoicos, geometrías del espacio, olores flatulentos en gabinetes de química y entender que Arquímedes descubrió su principio por el buen hábito de sumergirse en una tina para el baño y Newton creó la ley de gravedad porque una manzana podrida le cayó en la cabeza interrumpiendo una siestita feliz. Ojo, sólo en la secundaria.

Después, ya en la Universidad, si el objetivo es la Ingeniería, la Medicina, el Derecho, Sistemas, Robótica: las matemáticas de alto, finísimo, superior o exclusive nivel. Aún así, en esas carreras, las universidades por acreditarse, te hacen tragar (porque no lo digieres, ya que no te gustan ni se saben sabrosas), las desventuras de Martín Fierro, las hazañas de El Cid Campeador, los ataques mazorqueros que hacen imposible el romance de la Amalia de José Mármol, que para esos desdichados más que mármol será plomo.

¡Todo se hunde, mejor no hubiera crecido!, piensa el adolescente, todo es una cruz, como dice el tango y sólo al madurar el ya crecido jovencito podrá darse cuenta de que la vida y la voluntad van ordenando las cosas y que en algún momento, pasada la tormenta de inseguridades y urgencias de todo tipo, encontrará el porqué de tantos pesares, y de tantos esfuerzos. Total, es para mi propio bien. Lo reconocerá cuando se compare con los que no han recibido ni contención, ni educación, ni instrucción por parte de familias destruidas por crisis, la marginalidad y la violencia interna. Cuando comprenda que para esos chicos, las escuelas fueron inalcanzables, discontinuas o insuficientes.

Nadie dice que un título sea todo en la vida, pero la pertenencia marca diferencias sustanciales. Y no se trata de pertenecer a ninguna elite de snobs, sino de sentirse integrado a un mundo que puede ser hostil y difícil, pero también es perfectible, y que lo pueden lograr, contigo adentro, si te esfuerzas. Las cosas han cambiado, es cierto, pero solo en la forma. Así tenemos que los adolescentes de hoy padecen la ansiedad de antes. La incomprensión de los viejos, igual; los granitos, igual; los arrebatos sexuales, tal vez más tempraneros pero arrebatos al fin; la fofa noción del amor y el eterno proyecto de ser lo más feliz posible. Los que pasamos esa edad podemos tranquilizarte con una verdad: la adolescencia es una enfermedad que se cura con el tiempo, pero esa enfermedad es el período más importante de nuestras vidas. Las sociedades adultas no debería descuidar a sus adolescentes, hasta que superen la edad del pavo.



miércoles, 11 de abril de 2012

AYACUCHO, DESTINO TURÍSTICO TEMPORAL



Necías E. Taquiri Y.

Demostrado está aquello que venimos sosteniendo desde que empezamos a hacer periodismo: Ayacucho es destino turístico durante Semana Santa y los Carnavales. Es decir, destino turístico solamente temporal. Por lo demás, si este año, durante la Semana Santa, precisamente, tuvimos la cantidad de turistas acaso más alta de los últimos diez años, es gracias a la campaña publicitaria realizada a nivel nacional, utilizando el apoyo de empresas privadas y las ondas de radioemisoras de alcance nacional y la misma televisión abierta de Lima que tiene llegada en todo el país. Eso es algo que no podemos negar, de cara a la realidad comprobada.

El problema está en que ese éxito (turísticamente hablando), sin embargo espanta a nuestros visitantes, por muchas y sobradamente explicadas razones. La gente cree –empezando por nosotros y terminando por los turistas- que después de estas dos fechas no somos ni “destino”, ni “atractivo” durante el resto de los meses, tanto que –de manera irresponsable- no divulgamos nada, no invitamos, no hacemos campaña, etc., como se hace con la Semana Santa, cuando durante los meses de ‘estiaje’ (utilicemos el término) es que necesitamos hacer conocer nuestros atractivos.
Por esa irresponsabilidad de autoridades, comunicadores, comerciantes y ayacuchanos en general, es que los conductores de hoteles, propietarios de restaurantes, los empresarios de transporte y hasta los vendedores de dulces de algodón, aguzan al máximo sus habilidades mercantilistas para sacar provecho de la demanda con precios de locura, como confirmando que pasada la Semana Santa y después de los carnavales, ‘patearán latas’ durante todo el año.
De acuerdo a los estudiosos del tema, hay dos descuidos que se repiten año tras año. El primero, consistente en la creencia de que no tenemos más atractivos que esas dos fechas, en realidad por desconocimiento, ya que nuestras provincias están plagadas de ruinas pre-hispánicas e hispánicas que, puestos en valor o comunicados oportunamente, podrían tenernos ocupados atendiendo a turistas de enero a diciembre; y segundo, que las mentes ilustres de nuestras instituciones que promovieron Semana Santa, se apagan de pronto y no se esfuerzan por difundir que en Ayacucho, en la pampa que lleva su nombre, se selló la Independencia de América; que en Pikimachay y Luricocha se desarrollaron las civilizaciones más antiguas del Perú; que en Vilcashuamán existen ruinas maravillosas, los bosques de Raymondi; que en Sacsamarca se halla el Pachapupun, que tenemos cien y uno lugares para el turismo vivencial, etc.
De acuerdo a cómo nos explicaba un estudioso de Ayacucho, nuestra región tiene igual o mayor número de atractivos turísticos que lamentablemente no se difunden. Entonces, los turistas, que además tienen una serie de conceptos acerca de los destinos turísticos, creen que después de estas dos fechas, Ayacucho es un desierto, y encima, un desierto con senderistas al acecho por doquier lugar. Hasta la declaratoria de emergencia en algunas de las provincias de Ayacucho, se presta para alimentar esa imagen negativa. Aparte, claro, de la inseguridad de sus carreteras por el sistemático y raros robos que se registran con relativa frecuencia.
En consecuencia, no es la Semana Santa y el Carnaval lo que hay que difundir, con sus spots, lanzamientos y demás recursos, sino los otros meses del año, con la finalidad de mantener activos todos los giros de negocios que ofrece nuestra región, y para evitar que cuatro papagayos, un chiwaku y siete akatanqay ‘asalten’ a los que nos visitan en estas fiestas. Mientras tanto, ese taxista que cobró 15 soles por una carrera dentro de la ciudad, o 200 soles de aquí a Huanta, el mototaxista que no bajó de 2 soles por unas cuantas cuadras de recorrido, el hotelero que se despachó con cientos de soles por una noche, y en fin hasta el picantero que se licenció por cobrar 20 soles por un plato, todos ellos juntos, o por separado, que se vayan al diablo, porque están untando el dogal que les aprieta el cuello del desarrollo y puede terminar por ahorcarlos.      

miércoles, 28 de marzo de 2012

¡CRITICAR NO ES FÁCIL!


NECIAS TAQUIRI YANQUI


Suele decirse que criticar es fácil. Que cualquiera critica. Que con la crítica no se construye ‘absolutamente’ nada, etc. ¡Falso de toda falsedad!, a menos que estemos confundiendo lo que es científicamente la crítica, con los comentarios libertinos o vulgares que se permiten algunas personas especialmente desinformadas, o personas que vieron la cosa criticada por el forro o por la apariencia. Eso es otra cosa, no es crítica. Eso podría llamarse ‘raje’, ‘chisme’, ‘prejuicio’, ‘insulto’, ‘infundio’, ‘injuria’, etc., pero no crítica.

Con esta introducción, afirmamos que la crítica auténtica no es fácil, sino, muy al contrario, una actitud difícil. Porque si criticar fuera fácil, cualquier gobernado criticaría a sus gobernantes cuando éstos se equivocan, y no lo hace por miedo o porque no está preparado para hacerlo; los hijos criticarían a sus padres, si éstos, lejos de enseñarles con el ejemplo, mas bien les dan malos ejemplos; los alumnos criticarían a sus profesores, si como se dicen ‘andan enseñándoles improvisadamente’ o los engañan temas que no tienen sentido ni les trasmiten provecho.

La realidad nos dice que la criticidad es patrimonio de pocos. De los que se identifican con los problemas de su entorno, que además los comprenden; de los que se atreven a hacer lo que otros no, y, en consecuencia, de los que saben más. Una de las deficiencias de la educación actual, merced a lo que informan los evaluadores de las capacidades estudiantiles, es su poca capacidad crítica, incluso sobre una obra literaria que acaban de leer. Memorizan personajes, escenarios, argumentos, desenlaces; pero, no muestran capacidad inferencial, esto es, habilidad para trascender la información explícita del texto descubriendo significaciones ocultas, formulando hipótesis, elaborando conjeturas; y, sobre todo, les falta capacidad crítica, o sea, aptitud para juzgar, evaluar, comparar, reaccionar y proponer ideas frente al contenido del texto a la luz de su experiencia, conocimientos, emociones o valores.

Los niños, adolescentes y jóvenes capaces de analizar las distintas alternativas de la realidad que viven, pueden y deben criticar, así como pueden y deben tomar decisiones meditadas, autónomas y responsables. Criticar es –lo repetimos otra vez y con todas sus letras- “juzgar, evaluar, comparar, reaccionar, proponer ideas” no sólo frente al contenido del texto a la luz de la experiencia, sino, frente a un sistema, un fenómeno, un hecho, una institución, una gestión o frente a la persona criticada, con fines –eso sí- de construcción, como explicamos alguna vez en comentario similar.

La crítica es parte de nuestra capacidad intelectual, y su ejercicio es fundamental para el desarrollo de las ideas y de la práctica social. Nos referimos a la crítica respaldada por el compromiso con la verdad en sus distintas manifestaciones y con la responsabilidad humana y social de participar de forma activa en los diversos ámbitos de la vida social.

No estamos hablando de la “cultura de polarización que sustenta, en gran medida, nuestro comportamiento ciudadano, que tergiversa el verdadero sentido de la crítica y la maltrata hasta convertirla en un instrumento destructor y consiguientemente obstaculizador de cualquier esfuerzo serio para construir una auténtica convivencia ciudadana en lo social, político, económico y cultural”, como dice el Dr. Juan B. Arríen (nicaragüense), porque eso está bien para los enemigos, mas no para los que estamos de un mismo lado, para los que compartimos una misma vida social, los que todos los días ‘nos acompañamos’ y, en última instancia, para los que somos compañeros.

La crítica es un proceso de permanente esfuerzo por entender y transformar los hechos, situaciones o fenómenos de la educación o de la vida. Un proceso que enseña a pensar y razonar, a incentivar el criterio sano, también enseña a juzgar, es decir, a criticar, a ver la realidad de forma distinta, a aportar puntos de vista propios y a contribuir a la mejoría y transformación de la vida social. Es propio de la pedagogía moderna formar sujetos conscientes, dueños y constructores de su propio aprendizaje, con un gran sentido de responsabilidad y crítica, incluso de uno mismo y de sus actitudes

En conclusión, la crítica es parte de nuestra vida, una realidad que por un lado nos puede sacudir y por otro nos alienta a luchar, aunque la temamos cuando apunte hacia nuestras vidas o intereses, y nos obligue a escudamos. Es difícil el uso correcto y honesto de la crítica, porque es difícil aliarse con la verdad y porque no siempre estamos formados para el buen uso de ella. No es fácil hacer una crítica así, por eso es que los charlatanes –que se dicen a sí mismos ‘críticos’ y con el látigo en una mano y con el hígado en la otra-, en lugar de criticar como es debido, sólo insultan. No quieren corregir al individuo criticado para que mejore, cambie, se rectifique o se cure, sino, buscan mancharlo, desprestigiarlo, encarcelarlo o matarlo. Porque no han aprendido a discernir entre la obligación de construir la verdad criticando, a destruir esa verdad insultando. Son cosas muy diferentes.

Y cuando estos criticastros se posesionan de un medio, y desde el medio masivo lanzan veneno, bala o muerte, en lugar de incentivar en la gente a que haga uso correcto y cotidiano de la crítica, la desmotivan, la inhiben, la proscriben. Hay que diferenciar al sapo de la rana, o el viento de las tempestades. Se parecen, pero no son lo mismo.

sábado, 10 de marzo de 2012

TANTOS ‘COMPAÑEROS’ QUE DE PRONTO RESURGEN


Necías E. Taquiri Y.

Ya estamos envejeciendo, a pesar de nuestra lucidez mental. Lo dicen con hechos los últimos resurgimientos de ‘compañeros’ (palabra hermosa y mucho más globalizadora que muchas otras) que habíamos olvidado; primero, porque son muchos y deben tener distintas edades, que registrarlas como tales en más de treinta años de periodismo pionero, primero en Radio “Ayacucho”, luego en “La Voz” y, finalmente en Radio “Wari” (por más tiempo que en las anteriores), sería realmente imposible; y, segundo, las nostalgias que sentimos por los ‘tiempos mejores’.

Sin embargo, son ellos los que nos recuerdan el ‘compañerismo’ vivido en distintas épocas de la mutua correspondencia: ellos como oyentes y nosotros dirigiendo (el diálogo y la comunicación) Radio Periódico “Alternativa”. En alguna oportunidad, intentamos resumir esta interesante experiencia (‘de vida’, como les digo a mis hijos), a una diplomática de los Estados Unidos que vino a preguntarnos ‘cómo era posible que en plena violencia interna pudimos hacer periodismo libre’, cuando las balas silbaban por sobre nuestras cabezas o hurgaban suelos empolvando nuestros zapatos, cuando nos dirigíamos a cumplir la labor noticiosa, como ahora mismo, en las “mañanas ayacuchanas”.

La carta que nos remite Juan Carlos Mendoza Gómez desde el Condado de Arlington, Estado de Virginia, Estados Unidos, es prueba vivificante del resurgimiento de los ‘compañeros’. Dice que fue alumno nuestro en la Universidad de Huamanga, allá por los 90, amigo de uno de nuestros hijos (Kéndall), y junto con su padre, vilquino él, que hace dos meses dejó esta vida (qué pena haberlo sabido tarde) oyentes nuestros, que narra hechos que entonces no llegamos a valorar, y ahora sí, con la emoción obvia.

Lo mismo, cuando desde Canadá nos escribió Konny –lugar donde trabaja, ya años-, o desde Japón Satsumi, desde Paraguay J. Montero o desde “Nuestra Señora de las Mercedes” los miembros de una Promoción, desde Cangallo varios profesores, desde Huancapi ‘Adriancha’, y en fin, tantos ‘compañeros’ de la comunicación (porque es eso lo que hicimos desde la prensa con todos ellos, con todo el pueblo y con nuestras generaciones jóvenes), sentimos que –caracho, ¿por qué no podemos evitar lo que vamos a decir?-, estamos haciéndonos viejos, aunque no cedimos aún a la arrastradera de pies, ni estamos dedicados a matar moscas, detrás de nuestros nietos.

La vez pasada (creo fue en agosto del año pasado), conversando con el maestro Armando Godoy Arce, ‘compañero’ que alentaba nuestro estilo periodístico, según él, diferente a tanta bullanguería informativa, nos insuflamos de valor para todavía no cesar, mucho menos de jubilarnos (esto último será cuando la parca nos lleve), y seguir pa’lante hasta donde la fuerza nos acompañe, y la lucidez referida al comenzar este comentario, nos guíe, nos equilibre y, por dios, no nos haga decir sandeces, cuando criticamos algo que no nos gusta; no nos haga recurrir al hígado, al momento de utilizar adjetivos; y no nos entierre en el pesimismo, cuando estemos haciendo periodismo; aunque sea en medio de esta sociedad tan crítica, cuasi caótica, por culpa del modelo político y económico imperante en el país.

En fin, bienvenidos ‘compañeros’ a esta brega, otra vez, ahora en Radio “Atlantis”. Bienvenidos, además, por hacernos sentir que bien acompañados. Porque, con gente como ustedes puede uno sentirse también útil, y saber que está arando en el desierto, como a veces se nos ocurre pensar. Y, finalmente, como todo antecedente tiene sus consecuencias, cifro esperanzas en que por el mismo tipo de trabajo que realizamos desde el principio, con una línea editorial e ideológica definida –no obstante los temporales-, las generaciones actuales y las que están en formación, seguirán siendo nuestros ‘compañeros’, en esta serísima ‘aventura’ del periodismo y la comunicación ayacuchana.

miércoles, 29 de febrero de 2012

ETHOS, MODELOS, PARADIGMAS Y COSTUMBRES


Necías E. Taquiri Y.

No todas las costumbres son buenas, como que tampoco todas pueden ser malas. Es cuestión de tiempos, lugares, circunstancias y usanzas. Fíjense que en  las sociedades nativas de Alaska, los visitantes de las aldeas tienen que dormir la primera noche con la mujer del anfitrión. Rechazar la invitación es una ofensa. En cambio, en algunos países árabes mirar a los ojos de una mujer es un crimen. Los romanos iban a cenar a casa de alguien y comían pollo, tiraban los huesos hacia atrás para dar a entender que su anfitrión era bastante rico y podía  disponer de siervos que limpiarán el lugar.

Los paradigmas son también modelos de pensamiento que a veces cuestionamos y otras, no. Por ejemplo la religión está convertida en paradigma, incluso de moralidad, sin que a científico alguno se le ocurra explicar su falsedad. Le sucedió a Galileo Galilei, quien explicó por primera vez que el sol era el centro del Sistema Solar y que la tierra giraba alrededor de él. Lo mandaron preso y casi lo linchan, por haber dicho la verdad, contra el paradigma religioso.

Felizmente los paradigmas no son eternos, y siempre hay gente que los cambiará. Solo que, cada vez que se cuestiona un paradigma, se paga un precio. Por eso, Marcel Proust decía: ”El auténtico descubrimiento no consiste en encontrar nuevas tierras, sino en verlas con otros ojos“. “No es necesario cambiar de ciudad o de país, las oportunidades están ahí, basta verlas con otros ojos” remataba William Feather. Y una canción juvenil lo sintetiza: “La forma de ver el problema es el problema“. Ver con ojos viejos o con ojos jóvenes; depende del paradigma con que miras, de la ideología con que interpretas.

El gran Thomas Kuhn sostiene: cuando los paradigmas cambian, la realidad también cambia con ellos. Después de estudiar los descubrimientos científicos de los últimos cuatrocientos años, se encuentra que un dato que no cuadra con el paradigma en el que vive, puede hacer dos cosas: ignorarlo o manipularlo en su forma de pensar.

Dicen que esto es lo que hacen aquellos que emplean un enfoque estratégico, manipulan con otras intenciones, caminan por otros rumbos, con pensamiento nuevo, para enfrentar los problemas y cambiar perspectivas. Son los líderes que antes del TIC ya pensaban en forma tridimensional. Giran el problema, consideran todos sus ángulos y desarrollan múltiples alternativas de solución para un mismo evento. Dice Peter Senge (“La quinta disciplina): “solo se puede entender un problema observando el conjunto y no solo una de las partes”.

La dificultad reside en que para el ser humano es más ‘seguro’ buscar dentro del viejo paradigma que dentro de uno nuevo. Son los que no quieren salir del modelo, de las viejas creencias, de las viejas costumbres, aunque tengan 15 años o hayan estudiado el doctorado de Harward, y ganado el Premio Nóbel; son viejos carcamanes que no quieren romper con el modelo caduco.

En la prosecución del ethos, fundamentalmente gobiernista, hay una terquedad vieja que lucha con la terquedad nueva que quiere romper el modelo, o morir en el empeño. Los primeros, inflexibles que anulan la creatividad, a punta de mazazos, leyes, prohibiciones y cárceles. Los otros, tercos también en lo suyo, luchan por cambiar los paradigmas conservadores, neoliberales.

Por eso, si queremos cambiar de verdad, el paso fundamental, para no caer en la denominada parálisis paradigmática, es que vivamos cuestionándolo. Quien dice amén a todo, nunca podrá cambiar. Y ojo que, los viejos paradigmas se mimetizan en los modernos discursos de alcaldes, congresistas, gobernantes, hasta sin que se den cuenta ellos mismos. Es que los paradigmas son imperceptibles, como el agua lo es para los peces; solo perciben su importancia cuando los sacan.

jueves, 9 de febrero de 2012

EL ROSTRO LO DICE TODO



Necías E. Taquiri Y.

Aunque dicen ‘caras vemos, mas no corazones’, la experiencia –nuestra y ajena- demuestra lo contrario. Sin haber llegado a dominar gestos a lo Marcel Marceau, ese gran mimo judío que llegó a ser considerado ‘tesoro internacional’ y que alguna vez lo tuvimos aquí, los peruanos con la cara que llevamos, hemos aprendido a delatarnos sólo mostrándola, mientras caminamos por las calles de la vida –casa, trabajo y plaza pública-, y, tal cual somos en cuerpo y alma, como libros abiertos exponiendo sus letras en negrita, a quienes saben leer.

Por las comisuras de los labios o de los ojos, en la frente arrugada o la calvicie parcial o total, por las narices o por la mirada, por nuestro caminar lento, apurado o desesperado, por la facilidad con que nos ruborizamos, por el volumen de nuestra voz, por el peinado, la ropa o la curvatura de la columna vertebral, por la coloratura oscura de nuestras manos –acaso diferentes a la palidez de nuestras partes cubiertas-, y en fin, por la forma de sentarnos, de cuchichear, de mirar a nuestros superiores o de satirizar a los que creemos inferiores, con el rostro –mostrado en esas circunstancias- ¡lo decimos todo!, sin quererlo ni desearlo y hasta tratando de disimularlo totalmente.

Tu rostro lo dice todo: tu condición económica, tu alegría y tu tristeza, tu ridiculez, tu mediocridad o tu autosuficiencia, tu grado de hipocresía, tus miedos y tu seguridad, tu odio o tu amor, aunque como las mujeres feas de nuestro tiempo o de rostros destruidos por exceso de cosméticos, aumenten cada vez más la cantidad del mismo veneno facial para disimular sus desgracias. Tu cara no miente, tus palabras tal vez.

Tras haber aprendido esa lección de sabiduría en la universidad de la vida (que a veces es lectura y otras veces la enseñanza de los que más años de existencia han acumulado), nos pusimos a observar a cuanta gente pasaba por la callecita Dos de Mayo de la emblemática ciudad de Ayacucho. Tierra prodigiosa de un millón de rostros, comprobamos que es. Escrutadores predispuestos, tratamos de descubrir en cada quien, los problemas que cargaban, sus alegrías, su tranquilidad, sus apuros y desesperaciones, mientras por ahí desfilaban.

Tal vez exageramos un poco, pero vimos hasta cadáveres vivientes transitando por esa calle. Enfermos unos y otros arruinados en sus empresas; profesionales sin trabajo o con trabajo malamente remunerado; amas de casa como indicando que les faltan dos soles para parar la olla de ese día, y dejar la barriga llena de sus numerosos hijos; ladrones de siete suelas fungiendo solvencia moral, pero con el rabillo de los ojos cuidándose de los que pudieran descubrirlos; académicos en decadencia que al no haber adquirido el hábito del estudio delatan su rezago hasta cuando dicen que saben mucho; limosneros consuetudinarios de miradas más honradas y menos culposas que ciertos funcionarios; estudiantes lúcidos pensando en cómo escaparse del país para evitar que la crisis del futuro los agarre por aquí; periodistas bizcocheros ensayando futuros precios para sus noticias sensacionalistas; y, en fin, como en película de ciencia ficción, transeúntes de toda condición, aparentemente 'bien protegidos' en gabardinas finas, chompas Jorge Chávez, botas, tacones y corbatas, o los otros, humildes, sencillos y con menor carga de conciencia, al fin desnuditos de alma ‘penando por este valle’, simulando y disimulando, y, unos cuantos ciudadanos tranquilos de conciencia o con menos problemas o con problemas superables, felices sinceramente, en medio de la fauna de mentirosos fabricados por el neoliberalismo.

Rostros habladores, teníamos en potencia. Lo descubrimos. Y espejos también, vimos por ahí.