martes, 8 de febrero de 2011

NUEVA YORK Y QUITO - JMA


Nueva York y Quito

Viaje inolvidable. La impresionante ciudad de Nueva York y la ternura de Quito captaron –cada una desde su propia naturaleza–, la sensible atención de nuestro escritor.

Por: José María Arguedas*
Luego de visitar grandes universidades de los Estados Unidos y ciudades importantes en una ruta trazada desde Nueva York hasta Berkeley, llegamos a Quito en nuestro viaje de regreso.

A la salida del templo de San Francisco, caminamos unos pasos en la gran plaza y, como nunca antes, la luz del templo reanimó toda nuestra experiencia de los Estados Unidos y de América Latina.

No fue el Rockefeller Center ni el Empire State lo que nos impresionó más de Nueva York; fue el rascacielos de la Panamerican, elevándose durante la noche como una columna rígida pero vivificada por la iluminación eléctrica, sobre el oscuro cuerpo del edificio de la Estación Central del Ferrocarril, que tenía una sola ventana con luz en su gran mole apagada.

¡Nueva York! ¡Quito!

En búsqueda de la ternura
En Nueva York los ojos se olvidan de las montañas y de los ríos, de los arbustos floridos, de los abismos sonoros o desérticos, del canto de los pájaros y de los hombres que contemplan, absortos o tristes, en silencio, su propio corazón. Entre ese orden de lo desmesurado entre los monstruos felices que son los puentes, las prodigiosas carreteras, los rascacielos iluminados o quietos, el hombre camina apurado, y yo también caminaba contagiado, al ritmo que los otros, pero contemplando todo ese artificio descomunal con un entusiasmo casi infantil. ¡Obra del hombre, ese monstruo que debía asustarme solo estimulaba mi fe, lo que hay de poderoso en la médula y en la mente humana! Y buscaba cómo en qué parte de la ciudad, podía depositar mi mano para acariciar la ciudad. No encontré símbolo alguno que lo representara. Quizá esa ciudad no acepta, no conoce y aún rechaza la ternura. Y un buen latinoamericano, de adentro, sospecha –con ingenuidad inconcebible– que ese gigante rechaza y probablemente rechazará por mucho tiempo lo que más necesita.

Idéntico tono en la voz…
-¿Ha dormido usted bien señor? ¿Ha estado calentita la cama? ¿Puedo aumentarle una mantita?

La camarera del hotel Embajador de Quito me miraba, de veras, como a un hermano.

-Estoy para servirle, señor…

“Desde La Paz hasta Quito, la misma flor, el mismo canto, idéntico tono en la voz de la gente”.

Entre esa camarera y yo hubo una misma corriente de simpatía instantánea de identificación gozosa, de aldeano anhelo de desearse y procurarse el bien, el uno al otro. (...)

La inmensa urbe
A medida que fuimos alejándonos de la inconmensurable ciudad, alcanzamos a conocer algo a los norteamericanos y su territorio, sus capitales, sus centros de enseñanza e investigación, su “aterradora” abundancia, sus indescriptibles centros industriales, Nueva York fue cambiando de semblante en nuestra memoria. Ese castillo de luces, ese maremágnum que hierve en orden, se nos fue convirtiendo en el ojo implacable de un monstruo demasiado tenso y harto, tan harto que, como cualquier viviente de ese modo satisfecho, lo quiere todo para sí, aún cuanto se desborda a través de sus poros, a causa del exceso de hartura. Los pocos norteamericanos en quienes creí encontrar esta misma impresión de Nueva York, me parecieron tan asustados como yo, pero desorientados algo perdidos, royéndose las entrañas, entregándose a torturas tan intensas, acaso tan estériles y solitarias como esa única ventana iluminada del inclemente muro de la Estación Central, durante la noche. (...)

El hierro y el oro
La iglesia de San Francisco, la Compañía de Jesús, la Catedral de Quito, las altísimas y suaves montañas que rodean, abrigan y dan su aliento a la ciudad; la ciudad y su polícroma multitud, cargada de anhelos, de misterios, nos asombran, nos recuerdan que somos necesitados, fraternos e inmortales. ¡Estamos felices, ciudad de Quito! San Francisco y la Compañía son oro ardiente; ese oro y su fuego son la imagen de nuestro poder. Nosotros hacemos arder el oro para que su luz ilumine, no para que ciegue y mate la ternura. Nadie, que yo conozca, fabricó crisoles tan candentes, tan sabios, tan nativos como Quito. En mi corazón dos ciudades luchan desde que llegué del primero e inesperado viaje a los Estados Unidos: Nueva York y Quito. Las fundieron a las dos en una sola. El hierro y el oro para inspirar, para lanzarse al infinito. Quito: gran ciudad, la más hermosa de cuantas he visto en el mundo, con la lengua del hombre andino te hablo, regocijado: “Napaykuykim hatun llaqta. Qam hina sumaq runa kachun, kaypipas, may pachapipas”. (Te saludo gran pueblo. Que el hombre sea hermoso como tú, aquí, allá, en todas partes y en todo tiempo).

[*] El Dominical, 17 de octubre de 1965. Fragmentos.
Fuente : "El Dominical" 09-01-11

viernes, 4 de febrero de 2011

ACR TITANKAYOC EN "EL COMERCIO"

Mientras el dinámico Carlos Altamirano nos pone al tanto sobre la publicación de Titankayoc en "Vamos" de "El Comercio" (25-01-11) , José Luis Gutierrez se pregunta ¿ Titankayoc y ahora qué? , Sergio Rozzi da muchas ideas en italiano que felizmente son traducidas por Andrea Ravaglioli . Sólo así nos ubicamos y entendemos que tenemos que dar más pasos respecto a Titankayoc y si son rápidos , mejor. Ya la alegría del establecimiento de la ACR en diciembre pasó .
Decía el poeta "Hay , hermanos, muchísimo que hacer" y si traemos la frase a nuestra realidad tenemos que darle la razón a Vallejo.



ÁREA DE CONSERVACIÓN REGIONAL

Los mil y un encantos de Titankayoc

EL BOSQUE DE PUYAS RAIMONDI TITANKAYOC ES UNA DE NUESTRAS NUEVAS ÁREAS DE CONSERVACIÓN REGIONAL. EL LUGAR SE ESTÁ CONVIRTIENDO EN UN ATRACTIVO TURÍSTICO GRACIAS A SUS PAISAJES Y A SU RIQUEZA ARQUEOLÓGICA

Por: Norka Peralta Liñán
Martes 25 de Enero del 2011

El bosque de puyas Raimondi Titankayoc, ubicado a tres horas de la ciudad de Ayacucho, es una de las tres nuevas Áreas de Conservación Regional (ACR) que tiene nuestro país. A mediados del año pasado, las autoridades de la región Ayacucho emprendieron una cruzada para lograr que el Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado (Sernanp) declarase al lugar como ACR para asegurar su protección frente al sobrepastoreo, la expansión agrícola y la quema de las puyas Raimondi.

A fines del 2010, Ayacucho logró su objetivo: Titankayoc se convertía en ACR junto a Choquequirao, en el Cusco, y Ampiyacu-Apayacu, en Loreto. De este modo, según fuentes del Sernanp, la denominación que ahora ostenta el bosque de 2.500 hectáreas de extensión permitirá conservar la diversidad biológica de los ecosistemas que alberga, gracias a que se desarrollará un trabajo más coordinado entre instituciones competentes en la protección del lugar, el gobierno regional ayacuchano y sus habitantes.

Además de su riqueza natural, expresada en su gran bosque de puyas Raimondi –que los especialistas consideran el más grande del mundo– el entorno presenta una serie de complejos arqueológicos como el Intihuatana, Wari y Vilcashuamán, que asegurarán el desarrollo sostenible de las comunidades del lugar a través del turismo.

TODO SU POTENCIAL
Entre otros atractivos de la zona, destacan también la laguna de Pomacocha y un complejo del mismo nombre que fue diseñado por los incas como lugar de descanso. A esto se suma el festejo del Vilcas Raymi, que cada 27 de julio escenifica una batalla entre chancas e incas en la misma ciudadela de Vilcashuamán que atrae cada vez a más turistas a estos exóticos parajes.

El paquete turístico a la zona más promocionado requiere por lo menos de dos días y una noche. Este tour empieza en el pueblo de Toqto, sigue con la laguna de Pomacocha, se visita el pueblo de Vischongo y Vilcashuamán.

Se pasa la noche en Vilcas o en Vischongo y a la mañana siguiente se realiza una caminata al bosque de puyas, se almuerza en Vischongo y se retorna a la provincia de Huamanga.

MÚLTIPLES OPCIONES
Hay quienes optan también por conocer directamente el bosque de Titankayoc. Esta excursión era la más conocida hasta hace muy poco, pues se recomendaba no quedarse a dormir en Vischongo porque no ofrecía las condiciones de seguridad necesarias, pero recientemente, Cáritas de Ayacucho, con apoyo del Fondo Ítalo Peruano, ha habilitado albergues ecoturísticos que ofrecen mayores comodidades a los visitantes en coordinación con la operadora de turismo local Quri Wayta Tours. Además, la Policía de Carreteras está realizando patrullajes frecuentes en la ruta Huamanga-Toqto-Condorccocha-Vischongo-Vilcashuamán.

Según un diagnóstico del potencial turístico de la zona realizado en el 2006, solo el 30% de los turistas que llegan a la ciudad de Huamanga visitan el distrito de Vischongo y la provincia de Vilcashuamán, donde se encuentra Titankayoc. Sin embargo, en el último año se está apreciando un mayor interés en la zona, principalmente entre los turistas extranjeros, quienes buscan saber más sobre su arqueología, costumbres locales y el bosque de puyas. Los viajes de promoción de los colegios ayacuchanos también están optando por conocer el lugar antes que otros destinos nacionales.

Además la ruta a Titankayoc está ganando seguidores entre los aficionados al ciclismo de montaña, las caminatas y las cabalgatas.

ALLÁ VAMOS
Ubicación: El bosque de puyas Raimondi Titankayoc se ubica en los distritos ayacuchanos de Vischongo y Chiara, que pertenecen a las provincias de Vilcashuamán y Chiara, respectivamente.

Cómo llegar: Se recomienda viajar a la zona en los meses de marzo, abril, julio, noviembre y diciembre. Existen cuatro empresas de transporte turístico que salen de la ciudad de Ayacucho destino Titankayoc.

Costos: El costo en los vehículos que salen de Ayacucho oscila entre los S/.350 a S/.580. Cada pasajero paga entre S/.35 a S/.60. Quienes viajan con frecuencia a Vilcashuamán suelen abordar los carros que salen del terminal terrestre de San Juan Bautista, en Ayacucho. El pasaje cuesta S/.15.

Servicios: La ciudad de Vischongo tiene tres casas de hospedaje. Recientemente se han construido albergues ecoturísticos. Para más información sobre estos llamar al teléfono 066-312932.

miércoles, 2 de febrero de 2011

CRONICA DE UNA ELIMINACION ANUNCIADA

Uno parecía un tren eléctrico . El otro una locomotora. Y como en el estadio todos somos "familia" le digo a mi "primo" del costado que el primero no tardaría en llegar. No es que seamos salados sino realistas . Y luego vino el segundo. Partido acabado . Jaguares vencía por 2 tantos al Alianza el miércoles pasado. Ni el público que abarrotó Matute -"La Caldera" - ni las ganas de los victorianos pudieron con los mexicanos. Tampoco los goles e ídolos del recuerdo que nos presentaron en la pantalla gigante previo al partido.
"Tío en México nos pasan" comenta mi "sobrino" del otro costado.
Y fue así , pues en Chiapas nos pasaron. Alianza volvió a perder anoche. Como casi siempre, pobre actuación en la Libertadores. "Es que los refuerzos no dieron pie en bola" , dirán algunos. Adrián Ramírez refuerza con un "la preparación en Sierra de la Ventana no sirvió" . Alarcón , presidente del club, que parece vivir en otro planeta indica que " esta participación no es un fracaso" ¿ .... ?.
En fin ...

¡ ARRIBA ALIANZA !

sábado, 29 de enero de 2011

NO DESTRUYAMOS EL PERU AMADO - JMA






imagen : www.comicperu.wordpress.com

El homenaje a Arguedas tiene que ser permanente y no sólo en el día , mes o centenario de su nacimiento. En una edición de colección "El Dominical" del pasado 09 de enero reproduce diversos artículos del escritor , los que a su vez se los ofreceremos a lo largo del 2011.


No destruyamos el Perú amado


Desborde popular. La paulatina desaparición de pueblos como Sondondo (Ayacucho) a causa de la migración fue una de las grandes preocupaciones de Arguedas.


Por: José María Arguedas*


En esta misma página escribí sobre París. En pocos lugares del mundo, casi en ninguno me sentí más orgulloso de ser hombre ni más feliz de estar vivo en esa ciudad. Afirmé que necesitamos para realizar nuestros grandes sueños, como país antiguo, de los valores de la cultura occidental que en París se muestran con tanta perfección. Pero, en este instante estoy volando en jet a una gran altura sobre los Andes peruanos. Sí. Somos una tormenta de montañas secas aparentemente estériles; un ciclópeo alarde de la naturaleza; una recreación bella y cruel del mundo. Sobre los abismos que culminan en leves declives se ven débiles pueblecillos, amarillentos y exiguos campos sembrados. (...) Recuerdo con preocupación y algo de espanto las cifras del último censo publicadas en los periódicos.


Toraya, de la provincia de Chalhuanca –donde pasé un día en 1924– tenía en 1940 creo que 1.000 habitantes; en el censo último figuraba con menos de 600. En 20 años había perdido más del 30% de su población. Hace pocos meses, el pueblo de Sondondo, de Lucanas, celebró una matiné en Lima. Sondondo es un pueblo de indios, cerca de un río cristalino rodeado de montañas inmensas que le dan luz y hondura. Su memoria me cautiva aún. Sondondo tendría en 1919, cuando yo era un niño, unos 600 habitantes. En aquella matiné reciente, el local de las Sociedades Unidas del jirón Miró Quesada estaba colmado de sondondinos que bailaban jazz y huainos y contemplaban a dos bailarines de tijeras que danzaban en el patio interior. Sí, en un patio de piso de losetas y gradas, frente a la capilla de cal y canto o bajo los árboles de lambras.

-Ya casi no hay gente en Sondondo –me dijo en quechua un paisano–. Todos estamos aquí.

-¿No tienes pena de Sondondo? –le pregunté.


-La vida triste allá. Pero vamos para la fiesta grande. Entonces no cabemos en el pueblo. Aquí en Lima hemos aumentado.


Pero siempre sondondinos, pues.


No, no era cierto. Muchísimos están alimeñados. Observé que estos miraban a los bailarines si no con desprecio, con curiosidad, especialmente los jóvenes.

-¿Le gusta la danza? –pregunté a uno.


-El sonido de la tijera es bonito –contestó.


Yo abracé al bailarín triunfador. Era de los maestros verdaderos. Hacía catorce años que estaba en Lima; trabajaba como obrero textil, su competidor era carnicero. “La vida triste allá”. “Ya casi no hay gente en Sondondo. Todos estamos aquí”. Y la capital crece, con tentáculos harapientos que se extienden sobre los cerros, a la orilla maloliente del Rímac, o en arenales lejanos sin agua, cubiertos de neblina o ferozmente golpeados por el sol. En Chimbote, en Arequipa, hasta en el pequeño Chancay, los serranos que abandonaban sus pueblos se hacinan en chozas de carrizo o de esteras, apiñadas. Los olores de la podredumbre de los desperdicios se asientan, crecen, se pegan a los techos de barro o de trapos. Pero el serrano está bajo esa inmundicia, erguido, tenaz, excitándose a sí mismo, guapeándose con poderosas interjecciones quechuas, mientras la amada tierra de los pueblos deja de ser cultivada, se seca, y las casas vacías agonizan. Claro que el serrano trabaja en Lima sin olvidar su pueblo. Reúne dinero para escuelas, templos, relojes públicos y aun carreteras. Pero el contacto con la ciudad le ha hecho sentir de repente el silencio de su aldea nativa. El silencio, la inactividad, los períodos de ocio, la desnudez y el hambre. Ya no hay gobierno que los aliente, que les reparta tierras, que los impulse a trabajar.

Entonces el trabajo era sagrado; el ocio y el robo un sacrilegio. En la colonia se les obligaba, pero podían seguir celebrando grandes fiestas, gobernar sus comunidades y, de vez en vez despedir con lágrimas de sangre y los más tristes cantos creados por el hombre a los que marchaban a la mita, que era una de las peores formas de la muerte.


¿Y después? ¿Ahora? ¡Ahora nada! O cosas casi equivalentes: El ocio y la exacción, privilegios de los grandes, como mal ejemplo.


Estamos matando una parte del Perú amado. La gran tierra que los antiguos hicieron producir, dominando como un semidiós los abismos y las cumbres, embelleciéndola aun más, labrando sobre su hermosura natural de tormenta, la armoniosa y cautivante línea de los andenes y los jardines. Esa tierra se despuebla, vuelve al salvajismo. Qué tarea más digna del ser humano que esta de domesticar los Andes, un geológico torbellino. Sobre el avión que vuela a mil kilómetros por hora me siento orgulloso de recordar los andenes que convirieron los abismos en jardines. Se puede considerar casi como equivalentes ambas hazañas.


Retengamos a los serranos en su tierra, sino hemos de morir de hambre y de sofocación más tarde. ¡Que nuestras montañas no retrocedan al salvajismo en la era atómica! Máquina y adoración a la tierra no tienen por qué ser incompatible en el Perú; pueden ser y han de ser complementarios.Una reforma agraria bien planeada puede hacer resurgir la mística del trabajo y la mística del Perú. No será tarea difícil. Recordémosles a nuestros niños y jóvenes la grandeza del Perú antiguo y que quienes gobiernan el país no suban al poder para hacerse millonarios. Bastará una pequeña y verídica prueba de fervor auténtico por el Perú de parte de los gobernantes para que el pueblo se levante con energía sagrada. Aún el “colono”, como en “Los ríos profundos” desafiará a la muerte para enrolarse en alguna movilización profunda que lo salve. Sí. Lo quiero decir. Ha sido suficiente que la actual Junta Militar de Gobierno ofrezca algunos signos de honestidad y de amor al país para que renazca la esperanza, para que los espíritus decepcionados convalezcan, se alivien y recuperen el aliento.

Hay en el Perú un transfondo místico que viene de sus milenios de historia; hay en el hombre, especialmente en los andes, en las comunidades, una no escondida fe, una seguridad religiosa en su poderío. “Si lo decidimos, podemos abrir un camino por debajo de las montañas hasta el mar”, lo dijo en quechua un alcalde indio a un subprefecto de Puquio. Hemos vivido decenios goberados por gentes que han pretendido, conscientemente o no, destruir este corazón. No lo han podido lograr ni lo lograrán. Pero pueden torcer el camino. Necesitamos nuevamente construir andenes en los abismos, cantando. Y cantaremos con más energía y trabajaremos con más poder cuanto más libres nos sintamos. Las fábricas son indispensables, pero tanto o más necesitamos del trigo, del maíz y de la fe.


(*) Berlín, 18 de setiembre. Publicado en El Dominical el 7 de octubre de 1962.

martes, 18 de enero de 2011

CICLO DE CINE - ARGUEDAS

CINE
CCC UNSCH y GRUPO CHASKI

Presentan el Especial José María Arguedas "Todas las sangres todas las culturas"

Mc 19 :

* "Yawar Fiesta"
* Corto : "Por primera vez"

Jv 20 :

* "Todas las sangres"
* Corto : "El sueño del Pongo"

Vn 21 :

* "Arguedas hermano , compañero de sangre"
* Corto : "Mamasunción"

Hora : 7 pm / Centro Cultural UNSCH